linea horiz
LA REVISTA - PUBLICACIONES ANTERIORES - ARTÍCULOS DEL MES - MANDA UN ARTÍCULO - VÍNCULOS - DESTACADOS - CONTACTO - APOYAN - INICIO

 

articulos

 

 

 

 


   

AL RESCATE DE LOS JUEGOS DE ANTAÑO

Por. Julio C. Romero

   
linea  

LA BOLITA

Por. Julio César Romero Magliocca

bolita

"Los niños no comparten juegos en sociedad, porque ellos hablan de soledades, viviendo vidas virtuales".

Mi querido Colón, te visito por un instante vistiendo mis piernas de pantalones cortos, de rodilla contra la tierra colocando una tapita como hoyo. Y ahí junto a mí, los amigos de mi infancia esperando el turno para pelar bolitas. Cuantos recuerdos de juegos compartidos, un día ganabas al otro perdías, ese simple ejercicio nos hacía ver que no siempre éramos perfectos. 

Mordíamos los labios en la derrota, estirábamos la piel tras una sonrisa en el triunfo, pero todo era en un sano disfrute... Cuando la última bolita se abrasaba a la tela del bolsillo para no salir, nos avisaba de alguna manera que nuestro juego se terminaba por ese día. 

Cuantas veces en un rincón de nuestra cartera viajaban para la escuela con nosotros, prisioneras por un tiempo veían la luz en el recreo, allí cobraban vida corriendo para un lado y para el otro. Muchas veces se entreveraban tanto que pasaban por un rato a manos de otros dueños, ese virtuoso jugador que la puntería lo acompañaba. 

Hoy la nostalgia de visita por nuestra cabeza, nos hace ver que felices que éramos con esos juegos sencillos pero imaginados por sabios que encontraron frenar la felicidad y hacerla suya por un rato. Momentos de encuentros compartidos de verdad, de carne y hueso, lejos de los juegos virtuales y amistades virtuales de estos tiempos. Lejos estamos de aquellos tiempos vividos, pero nadie se animará a robarnos el tesoro de haberlos vivido.


Nunca olvides tus orígenes, ellos de alguna forma te colocaran silenciosamente en la humildad de tu propia historia, para darse la mano con el presente, como mapeo de tu trayecto hacia el futuro.”

 

LA PAYANA
Por. Julio C. Romero

La payana o payanca o payaya1 es un juego infantil que se practica con cinco piedras pequeñas u objetos similares, que consiste en ir tomándolas del suelo al tiempo que se arroja una de ellas al aire y se vuelve a tomar sin que caiga al piso. En este juego se debe equilibrar cierta cantidad de piedras en la palma extendida de la mano. La idea es lanzar las piedrecillas verticalmente con la palma al cielo extendida en posición horizontal y, mientras dura su trayectoria, invertir la orientación de la palma para recibirlas. El juego va aumentando su dificultad como lo es desde tirar las 5 piedras al suelo, seleccionar una, tirarla hacia arriba y cuando va en el aire tomar una piedra del suelo y recibir la que viene cayendo del aire, para luego en otra etapa tirar una piedra al aire y recoger dos o tres del suelo. Tiene muchas etapas o pruebas que cada vez se van complicando, es muy entretenido para chicos y grandes.
Originalmente llamado "kapichua", lo practicaban niños tobas y wichís con carozos o semillas a fin de desarrollar destrezas manuales y aprender a contar. Para avanzar en grados de complejidad, utilizaban progresivamente semillas más pequeñas. Existen versiones en toda la zona árabe de África, y las zonas de Al-Andalus de España. En Argentina fue un juego muy popular entre los niños de edad escolar hasta finales de la década de 1990. Posteriormente su práctica pasó a constituir una rareza.
Tan solo cinco piedras alcanzaban para tenernos atentos por un buen rato.
Momentos creativos de aquellos años en donde compartíamos niños y niñas, mostrando las habilidades de nuestras manos. Cuanto de reflejos, usando el movimiento y la rapidez  en una práctica que te permitía una revancha a la vuelta de turno. Hoy los niños cuentan con juegos sofisticados gastando sus tiempos en momentos individuales, jugando la carrera con esa adrenalina automática, en donde siempre hay más barreras para vencer, compartiendo la risa por el logro en soledad de unas paredes de habitación.

Ilustración: Gustavo López (Gust) – Web : Http:// www.buhoeventos.com.uy/
Texto: Julio César Romero
 (Con RAICES de ABRIL-2015, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

LA RAYUELA
Por. Julio C. Romero

rayuela

La rayuela es uno de los juegos más conocidos en todo el mundo. Su origen no se conoce con exactitud, pero se lo relaciona con los juegos lineales conocidos en tiempos de las civilizaciones egea, griega y romana. Según una de las versiones que se conocen, la rayuela fue inventada por un monje español, que quería simbolizar en este juego el comienzo de la vida, la vida misma, con sus dificultades y alternativas, y la muerte, en la antesala de la cual aparecen el infierno y el purgatorio, etapas previas del cielo, la meta final. Esto hace pensar que la rayuela pudo haber tenido un sentido astrológico concreto.

Hurgando en los recuerdos de mi niñez, los mismos me transportan a aquellos días en que compartíamos tiempos hermosos, en donde los juegos todo lo ganaba. Momentos atesorados en un rincón preferencial del corazón, nos devuelve el momento en que “La Rayuela” , nos permitía compartir varones y niñas un juego que nos hacía mover por un buen rato. La habilidad nos permitía, hacerlo rápido  y sin pisar la línea de los casilleros que previamente al juego, habíamos marcado en la calle con algún resto de ladrillo o tizas (escondidas en algún bolsillo de nuestras túnicas) . Momentos de concentración en el juego, practicando una y otra vez hasta que saliera entre armonía y rapidez, cuidando los detalles que marcaban hacerlo bien. Si hasta algún padre nostálgico se sumaba para acompañarnos, dando rienda suelta a su niñez escondida por un rato. Ese aroma de hojas de eucaliptus, quemadas por alguna vecina frente al monte, daban un marco inconfundible en el momento de arrancar este recuerdo, aromas, risas, juegos …todo era uno, para hacernos sentir los niños más felices del mundo.

Ilustración: Gustavo López   Web: http://www.caricaturasuruguay.com.uy/
Texto: Julio C. Romero

(Con RAICES de ABRIL-2015, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

GASTANDO LA DE CUERO

rescate

Esa canchita del Yegros (Colón) nos recibía a toda hora en las vacaciones…
Como una concentración íbamos llegando luego de serpentear los caminos del monte, esquivando
las garras de las zarzamoras…En algunas enramadas como escondidos en juegos clandestinos varios gauchos se jugaban la plata de las carneadas de la Tablada a la “taba”, ese juego en el que se utilizaba una parte de las patas traseras de cordero. El dueño de la pelota llegaba para matar nuestra ansiedad y allí sí, formar los cuadros pisando dos compañeros que se encargarían de elegir para su equipo a los más habilidosos, triste era cuando quedaba el último para elegir , seguro ese marchaba para el arco.
Comenzábamos cuando el sol caía a plomo y terminábamos cuando los rayos del sol se enterraban en el horizonte, para luego caer rendidos, transpirados y tal vez con algún que otro golpe recibido.
Eran tardes increíbles, en donde inventábamos jugadas, soñando con ser estrellas del fútbol para poder jugar en ese gran teatro que era el Centenario. Nuestras madres en cuanto llegábamos a casa nos decía “así como estás no toques nada, al baño que ya te alcanzo la ropa, cuando salgas te tomas la leche…”
Seguramente que algún “chichón” lo escondíamos, nada de delatar dolores, eso quizás alimentaría el reproche de nuestras madres. Que felices que éramos en esa época, quizás nos faltaba la tecnología que hay hoy para jugar, pero los juegos inventados por nosotros mismos tenían otro sabor, el de compartir en sociedad con otros niños…Hoy da pena como los niños por distintas razones, habitan un mundo más individualista en juegos no compartidos, con amigos virtuales que un solo botón los trae o los aleja.
Nadie me va a quitar aquella cajita de afectos y memoria que supe guardar en esa etapa, vivida con la mayor intensidad en juegos sanos, compartidos. (Humilde homenaje a todos aquellos amigos con los que pude compartir esos juegos en mi querido Colón)

Ilustración: Gustavo López   Web: http://www.caricaturasuruguay.com.uy/
Texto: Julio C. Romero

(Con RAICES de Marzo-2015, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

 

TARDES DE CHATAS…

 chata

Cuatro rulemanes eran necesarios para cimentar un coche de madera…la chata.
Luego de seleccionar las tablas y el eje que serviría como dirección, armamos la chata.
Con una suela de goma vieja de algún zapato que había expirado, ya teníamos el freno de la misma.
Era momento de ponerla a  rodar en la bajada de Yegros, justo al finalizar la cuadra junto a Acahay.
Solía pasar que alguna ranura que dividía los paños de la calle, hacían poner a prueba su resistencia.
Las carreras se iniciaban empujando el compañero al piloto que tocaba primero manejar, hasta que la velocidad aumentara…era tanta la velocidad que ganaban que muchas veces el vértigo iba de la mano del cosquilleo en la barriga hasta llegar a destino de nuestras carreras.
Otras tantas veces, eran varias las chatas que ganaban la calle haciendo piruetas y carreras.
Cuantos raspones en las rodillas nos dejaban huellas de esas corridas,  en esa niñez un tanto inconsciente  entre juegos que no sabían de peligros.
En mis recuerdos, rescato a mi amigo Washington Vargas “Chita” , quien había logrado hacer una chata con su ingenio, esta era la ganadora siempre. No era tan grande sino que tenía todo lo necesario para ser la más veloz, ajustada a la medida de nosotros.

 


Ilustración: Gustavo López   Web: http://www.caricaturasuruguay.com.uy/
Texto: Julio C. Romero

(Con RAICES de Febrero-2015, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

 

UN VINTEN PAL JUDAS
Por Roberto Bianco

Los niños de mis versos barrileros
no tenían zapatos….ni escopetas,
pasaban en la calle – todo el día –
jugándose a los trompos la pobreza.
Mirábamos la luna – todos juntos –
morfando una preñada e mortadela,
con una infancia de ocho años –puestos –
en un parcito de alpargatas “Rueda”…
Revoleando esa suerte – a la marchanta –
trepábamos las tapias de las siestas…
Afanando naranjas en los patios
pa comerlas sentaos …en la vereda.
Pero …cada diciembre, prometíamos…
ser niños más buenos de la tierra,
con tal que nos “donaran” – para el  “Judas” …
Un traje viejo y una camiseta…
y …armábamos un hombre sin zapatos
con una pata larga y la otra renga,
con los brazos abiertos como un Cristo
relleno de aserrín y pasto seco…
La cara del muñeco – sin bolsillos –
ser reía sentado en la vereda
y nosotros atrás de las vecinas…
-Un vintén pal “Judas” – le pedíamos –
- Un Vinten pal “Judas” – repetíamos –
-¡Deale Doña un vintén, no sea macheta!
Y la cara del hombre – sin bolsillos –
Se reía, sentado en la vereda…

Ilustración: Gustavo López   Web: http://www.caricaturasuruguay.com.uy/
Texto: Roberto Bianco

(Con RAICES de Enero-2015, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

 

OTRA VUELTA DE TROMPOS…

La magia de una chaura envolvente como un vestido de piola, recorre la circunferencia del trompo una y otra vez para hacer bailar ese trabajo de artesano, uniendo madera y púa…
Esa mañana dejamos la pelota de lado, era la hora de los trompos.
Con un palo, dibujábamos un círculo en la tierra donde descansaban sin bailar otros tantos trompos…
La idea era hacerlo bailar al mismo tiempo que al golpearlos traspasaran la línea del círculo, eso premiaba el talento y la habilidad por la puntería.
En el orden de piruetas era común, hacerlos bailar en la calle para prolongar su baile, para luego acercar la chaura doblada en partes iguales para que recorriera el camino que se presentaba al tensarla.
Lindos momentos vividos con estos juegos sencillos, entre risas e intentos una vez tras otra, hasta convertirnos en virtuosos jugadores, el triunfo era hacerlo cada vez mejor.
Ese simple ejercicio con los juegos también nos iban formando en la idea que sin intentarlo nada se podía lograr, que la derrota momentánea era el impulso por intentarlo de nuevo, hasta que lo lográbamos , porque si bien la llegada en el logro era el destino, también el disfrute estaba en el camino por lograrlo…

Ilustración: Gustavo López   Web: http://www.caricaturasuruguay.com.uy/
Texto: Julio César Romero Magliocca

(Con RAICES de Diciembre-2014, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

 

 

TARDES DE COMETAS…

cometas

 

El abuelo descansaba en sus recuerdos como pasando una película antigua…
Los murmullos de sus nietas cada vez se hacen más fuertes hasta que dos siluetas se paran frente a él.
¿Abuelo te animas  a hacernos una cometa?... El abuelo deja ese libro que lo atrapaba, sus ojos brillaban de alegría luego de escuchar el pedido de sus nietas. Manos a la obra entre todos, un poco de engrudo (harina y agua), papel de cometa, hilo y unos trozos de caña y ya queda terminada. El abuelo ve un detalle olvidado, los flecos que visten la cometa con el mejor de los vestidos. Dos ovillos de hilo y una cola hecha con restos de tela de la abuela, alguna media vieja también se sumaba para equilibrar el vuelo colgada del cielo. Era hora de probarla, pues deciden marchar al campo, la brisa de una primavera tempranera hacía el resto para que ganara altura. No paso tanto tiempo para que el campito se llenara de niños, llenando el cielo de colores, una tarde de cometas, para luego repasar la aventura tomando la leche con el abuelo…seguramente las nietas estarían tramando otro juego compartido…

Que lindos tiempos nos tocara vivir en lo particular, en aquellos campos de antiguas estancias de Colón, el viento , el pasto , y algún arroyito provocado por las lluvias nos hacían millonarios…donde la risa visitaba nuestros rostros por lo vivido, compartiendo con amigos tardes inolvidables…

 

Ilustración: Gustavo López   Web: http://www.caricaturasuruguay.com.uy/
Texto: Julio César Romero Magliocca

(Con RAICES de Noviembre-2014, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

 

“JUGUEMOS A LA BOLITA”

Mañanas y tardes a pura bolita…
Colón de mis amores en mi recuerdo te traigo. Hijo del viento de tus árboles, hermano de esas raíces que terminaban rompiendo las veredas por mostrarse.
Allí junto a la empalizada de algún conventillo, junto a los transparentes como testigos silenciosos…allí estaban esos amigos de la niñez que mi mente rescata.
Ese mismo viento de niñez liberada, sin tiempos de relojes, sin reglas escritas, respirando aire a eucalipto de unas hojas quemadas, entre canto de pájaros mañaneros. Pantalones y rodillas gastadas en fervorosos partidos, nos dejaban millonarios de sonrisas asociadas…
Mi tristeza del presente es ver los niños escondidos en algún cuarto, luchando por sobrevivir en una vida virtual de escapismos, de amigos extranjeros que la máquina boba te trae por un ratito. Niños de soledades, respirando el viciado aire de una habitación que casi ni se abre para escuchar el ruido de la naturaleza. En aquella época nos sentíamos millonarios con algunas bolitas ganadas, nos sentíamos libres respirando el triunfo y aceptando la derrota de un mal día…ya al ratito tendríamos revancha.

 

Ilustración: Gustavo López   Web: www.artesincopado.blogspot.com
Texto: Julio César Romero Magliocca

(Con RAICES de Octubre-2014, continuaremos rescatando algún otro juego que supimos compartir en tiempos de mayor libertad en un Uruguay que debemos recuperar día a día)

 

¡SACUDETE Y SUBE!


Se cuenta de cierto campesino que tenía una mula ya vieja. En un lamentable descuido, la mula cayó en un pozo que había en la finca.
El campesino oyó los bramidos del animal, y corrió para ver lo que ocurría. Le dio pena ver a su fiel servidora en esa condición, pero después de analizar cuidadosamente la situación, creyó que no había modo de salvar al pobre animal, y que más valía sepultarla en el mismo pozo.
El campesino llamó a sus vecinos y les contó lo que estaba ocurriendo y los enlistó para que le ayudaran a enterrar la mula en el pozo para que no continuara sufriendo.
Al principio, la mula se puso histérica.
Pero a medida que el campesino y sus vecinos continuaban paleando tierra sobre sus lomos, una idea vino a su mente. A la mula se le ocurrió que cada vez que una palada de tierra cayera sobre sus lomos... ¡ELLA DEBÍA SACUDIRSE Y SUBIR SOBRE LA TIERRA!
Esto hizo la mula palazo tras palazo.
Sacúdete y sube. Sacúdete y sube. Sacúdete y sube!! Repetía la mula para alentarse a sí misma.
No importaba cuán dolorosos fueran los golpes de la tierra y las piedras sobre su lomo, o lo tormentoso de la situación, la mula luchó contra el pánico, y continuó SACUDIÉNDOSE Y SUBIENDO. A sus pies se fue elevando de nivel el piso.
Los hombres sorprendidos captaron la estrategia de la mula, y eso los alentó a continuar paleando. Poco a poco se pudo llegar hasta el punto en que la mula cansada y abatida pudo salir de un brinco de las paredes de aquel pozo.
La tierra que parecía que la enterraría, se convirtió en su bendición, todo por la manera en la que ella enfrentó la adversidad.

 

LUZ PARA EL CAMINO

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
 - ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves...

Entonces, el ciego le responde:
 - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi...

 - No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil...Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás...¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento...
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás!

 

 

 

CUANDO LLEGUÉ A MI CASA…

Cuando llegué a mi casa esa noche, mientras que mi esposa me servía la cena, le agarré su mano y le dije, tengo algo que decirte. Ella se sentó y comió callada. La observé y vi el dolor en sus ojos. De pronto no sabía como abrir mi boca. Pero tenía que decirle lo que estaba pensando. “Quiero el divorcio”. Ella no parecía estar disgustada por mis palabras y me preguntó suavemente… porqué? Me dijo; tú no eres un hombre!! . Esa noche no hablamos, y ella lloraba. Yo sabía que ella quería saber que estaba pasando con nuestro matrimonio, pero no pude contestarle. Sucedió que ella había perdido mi corazón a otra mujer llamada Juana. Ya no amaba a mi esposa, solamente le tenía lástima! Con un gran sentido de culpabilidad, escribí un acuerdo de divorcio y en este acuerdo ella se quedaba con la casa, el auto y el 30% de nuestro negocio. Ella miró el acuerdo y lo rompió a pedazos!. Ella pasó 10 años de su vida conmigo y éramos como extraños! Yo le tenía lástima, por todo su tiempo perdido, su energía pero ya no podía cambiar, yo amaba a Juana. De pronto empezó a gritar y a llorar como para desahogarse. La idea del divorcio ahora era más clara para mí. El próximo día llegué a casa y la encontré escribiendo en la mesa. No cene y me fui a dormir, estaba muy cansado de haber pasado el día con Juana. Cuando desperté, todavía estaba mi esposa escribiendo en la mesa. No me importó, me vire y seguí durmiendo. Por la mañana mi esposa me presentó sus condiciones para el divorcio: No quería nada de mí pero necesitaba un mes de aviso antes del divorcio. Me pedía en el divorcio que por un mes tendríamos que vivir como si nada y llevarnos normal. Su razón era simple, nuestro hijo tenía todo ese mes exámenes y no quería molestarlo con nuestro matrimonio quebrantado. Yo estuve de acuerdo, pero ella tenía otra petición, que me acordara cuando yo la cargué a nuestro cuarto el día que nos casamos. Me pidió que por ese mes, todos los días la cargara del cuarto hasta la puerta de salida de la casa! Pensé que estaba volviendo loca pero para que la fiesta fuera en paz acepté. Le conté a Juana lo que mi esposa me pidió y Juana se reía en vos alta y dijo que era absurdo esa petición, que no importaba que truco mi esposa usara, tendría que darle la cara al divorcio. Mi esposa y yo no teníamos contacto físico desde que expresé mis intensiones de divorcio, así que cuando la cargué el primer día hasta la puerta del frente, los dos nos sentimos mal. Nuestro hijo caminaba detrás aplaudiéndonos y diciendo; ¡¡¡papá está cargando a mi mami en sus brazos!!!. Sus palabras me dieron mucho dolor. Caminé los 10 metros con mi esposa en mis brazos. Ella cerró los ojos y me dijo en voz baja, “no le digas a nuestro hijo del divorcio”. Le señalé con la cabeza un poco disgustado, la baje cuando llegué a la puerta, se fue a esperar el transporte para ir al trabajo. Yo manejé solo al trabajo. El segundo día, los dos estábamos más relajados, ella se apoyó a mi pecho, pude sentir su fragancia de su blusa. Me di cuenta que hacía tiempo que no la miraba detenidamente. Me di cuenta que ya no era tan joven, tenía algunas arrugas, algunas canas! Era notable el daño de nuestro matrimonio! Por un momento pensé y me pregunté, que fue lo que le hice?. El cuarto día, la cargué, sentí que la intimidad estaba regresando entre ambos. Esta era la mujer que me dio 10 años de su vida. En el quinto y sexto día, seguía creciendo nuestra intimidad. No le dije nada a Juana al respecto. Cada día era más fácil cargar a mi esposa y el mes se iba corriendo. Pensé que me estaba acostumbrando a cargarla y por eso era menos notable cargar el peso de su cuerpo. Una mañana ella estaba mirando que ponerse, se había probado muchos vestidos pero no le servían! Quejándose dijo; “mis vestidos se han puesto grandes” Y fue ahí que me di cuenta que estaba muy delgada, y esa era la razón por la cual yo no sentía su peso al cargarla. De pronto me di cuenta que le había enterrado mucho dolor y amargura. Sin darme cuenta le toqué su cabello. Nuestro hijo entró al cuarto y dijo; “papá llegó el momento de que cargues a mamá hasta la puerta”. Para mi hijo ver a su padre día tras día cargar a su mamá hasta la puerta, se había convertido en una parte esencial de su vida. Mi esposa lo abrazó, yo viré mi cara, sentí temor que cambiara mi forma de pensar sobre el divorcio. Ya cargar a mi esposa en mis brazos hasta la puerta, se sentía igual que el primer día de nuestra boda. Ella acariciaba mi cuello suavemente y natural. Yo la abrazaba fuertemente, igual que nuestra noche de bodas. La abracé y no me moví! Pero la sentí tan livianita y delgada que me dio tristeza. El último día igual la abracé y quería moverme, le dije, “no me di cuenta que ya no teníamos intimidad” , mi hijo estaba para la escuela. Manejé para la oficina, salí del auto sin cerrar la puerta, subí la escalera, Juana me abrió la puerta y le dije; “discúlpame, lo siento, no quiero divorciarme de mi esposa. Juana me miró, me preguntó si yo tenía fiebre?. Y yo le dije, “mi esposa y yo nos amamos, era que entramos en rutina y estábamos aburridos, no valoramos los detalles de nuestra vida desde que empecé a cargarla del cuarto a la puerta, me di cuenta que debo cargarla por el resto de nuestras vidas, hasta la muerte!. Juana empezó a llorar, me dio una bofetada y cerró  la puerta. Bajé las escaleras, me monte en el auto y llegué a la florería y le compré flores a mi esposa. La joven en la florería me preguntó; que le escribo en la tarjeta?

Le dije que pusiera; “te cargaré todas las mañanas hasta que la muerte nos separé!!! Llegué a mi casa con flores en las manos y una sonrisa, corrí y subí las escaleras, cuando entré, encontré a mi esposa muerta!! Mi esposa estaba batallando la enfermedad de cáncer y yo estaba tan ocupado con Juana, que no me di cuenta. Mi esposa sabía que se estaba muriendo y por eso me pidió un mes de aviso antes del divorcio, para que nuestro hijo no le quedara un mal recuerdo del divorcio, para que no tuviera una reacción negativa!! Por lo menos le quedaría a mi hijo, en sus ojos que su padre era un esposo que amaba a su esposa. Estos pequeños detalles es lo que importa en una relación, no la casa, el auto, el dinero en el banco. Crean un ambiente que crees te llevará a la felicidad, pero en realidad, no es así!! 

 

 





   
 


PÁGINAS AMIGAS