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MONTEVIDEO ANTIGUO
Por. Milton Schinca
   
     

LAS COSTUMBRES EN MONTEVIDEO



El párroco Pérez Castellano describió la vestimenta de las mujeres del periodo colonial.
Contó que usaban medias blancas o negras para ir a la Iglesia, para pasear usan de color.
Se peinaban con moños altos, usan zapatos de tacones, en los zapatos con hebillas de piedra, de plata o de oro. 
Y termina: nuestras mujeres visten regularmente con honestidad, sin descubrir jamás los pechos, y muchas veces ni aun la garganta y agrega “digo muchas veces porque algunas son de otro parecer…”

Carnicerías ambulantes 

No había en Montevideo en esa época carnicerías instaladas, la carne venia de extramuros en carretas y el carnicero se instalaba donde podía.
Las compras las hacían las esclavas con sus tipas (canastas) la carne se cortaba a hachazos y a ojo de buen cubero.
El carnicero era siempre un gaucho que llegaba vestido con chiripá, botas de potro, tendía un cuero cualquiera en el suelo y sobre el colocaba la carne.
La mercadería no se pesaba, era demasiado barata, a pesar de que solo se vendían los mejores cortes, los demás servían de alimento a los perros.
La venta de noche no se interrumpía, el carnicero improvisaba un candelero agujereando un pedazo de carne, donde colocaba una vela.

Botas y más botas

A los montevideanos de aquella época les resultaba muy fácil cambiar de botas a cada rato. 
No tenían más que atrapar un animal suelto, que abundaban, matarlo, cuerearlo y con el cuero fabricar un par de botas. El resto del animal quedaba por ahí, nadie lo aprovechaba.
De esto modo el Cabildo calculo que se perdían 6.000 reses por año, por eso prohibió las botas de vaca o de ternera, e implanto una multa para quien apareciera con un par de botas de ese origen.
Desde ese momento se empezaron a fabricar botas de cuero potro o de yegua.

Montevideo se divertía

Durante el periodo colonial Montevideo no estaba ausente de las novedades del Viejo Mundo.

Veinte años después que surgió el vals en Europa ya estaba en Montevideo y según algunos viajeros ingleses y franceses que nos visitaron decían que “las damas montevideanas bailaban con gracia inimitable y de modo exquisito, y no hay que rogarles mucho para que bailen.’
Algunas matronas criticaban airadas la practica del baile, lo consideraban audaz, de un descocamiento inadmisible, escandalizadas decían:”por primera vez en la historia las parejas danzan enlazadas, a donde vamos a parar, Dios mío!!!!
Pero nada de eso detuvo la aparición del vals en Montevideo.

Caña y cigarro para las mujeres

Por Montevideo pasaron todo tipo de viajeros, ninguno dejo de hablar de las mujeres.
Y sus juicios fueron con una sola excepción coincidentes en alabarlas y reconocer sus encantos y simpatía.
Entre ellos figura un inglés que publicó en su tierra el contenido de las impresiones que se llevo de acá.
Entre otras expresiones dijo que eran ‘más liberales y zafadas que las mismísimas inglesas”.
‘’Conversan con cualquiera sin reserva de asuntos que harían sonrojar a nuestras compatriotas.’’
‘’Además beben y agregan caña al café, fuman, aun las señoritas mas respetables.’’

Según Milton Schinca este es un retrato no imaginado de las mujeres montevideanas de la Colonia.

Que fueron los saladeros?

Hacia 1700-1800 aparecieron los saladeros, que convertían la carne vacuna que abundaba en esas enormes extensiones de campo en estancias en tasajo 
Que es el tasajo? es carne cortada en finas lonjas que luego se salaban y apilaban durante dos o tres días para luego secarla tendiéndola al sol. 
Los saladeros eran una mezcla de trabajo de estancia e industria asentada en Montevideo, porque sólo requerían la habilidad manual del gaucho enlazador del ganado casi salvaje y la habilidad artesanal de los peones, hasta 1830 casi todos esclavos negros. 
Y como sin querer salía por el puerto de Montevideo legalmente para España y Buenos Aires (desde 1779), e ilegalmente para el Brasil portugués. 
Fue una actividad que generó grandes rentas, suficientes para mantener tanto a la burocracia española que gobernaba la Banda Oriental, como a los comerciantes.

 

 

VISITANDO EL MONTEVIDEO ANTIGUO

“Los caminos de entrada y salida a Montevideo llegaban y partían de los dos únicos portones abiertos en sus murallas : el Viejo o de San Pedro, situado al extremo oeste de la calle homónima (25 de mayo y Juncal) , y el Nuevo o de San Juan, al extremo sur de la calle del mismo nombre (Ituzaingó y Brecha).
Del primero salía el camino principal de la ciudad que se bifurcaba a la altura de las actuales calles Uruguay y Río Branco: un ramal contorneaba la bahía hasta los pozos del Rey o Aguada de los Navíos, pasando por las inmediaciones de la fuente de Canarias y prosiguiendo hasta más allá del Miguelete; el otro ramal zigzagueaba en dirección sudeste (entre las actuales avenidas 18 de Julio y calle San José) hasta el Cordón, donde empalmaba con el camino hacia Maldonado.
Del segundo Portón salía el camino “de la costa” , que contorneaba la ribera sur de la ciudad, y pasando por el Camposanto (a la altura de las actuales calles Andes y Durazno), llegaba hasta los pozos de la Estanzuela (en las proximidades de la actual Playa Ramírez).

LOS VECINOS

“Los que moran dentro de la ciudad pueden dividirse en tres clases: hacendados, comerciantes, y artesanos. De la primera apenas se encuentran 15 o 20 personas, y de ellas la mitad se halla sobre un considerable fondo de riqueza, abrazando entre sí con sus considerables estancias casi todo el término de Montevideo que se extiende en presentes a 70 y 80 leguas. Los comerciantes pueden asimismo considerarse bajo dos aspectos ; los unos que hacen directamente el comercio con la península y son, por lo regular, apoderados de las casas fuertes de Cádiz; y los otros que trafican por menor en tiendas y pulperías, de unas y otras esta llena la ciudad. No hay casa donde no se venda algo, causando no pequeña admiración que puedan subsistir en país tan caro y de tan corto número de habitantes. Los artesanos son, por lo común, de la tropa o marinería de los navíos,  y por consiguiente transeúntes y de poca habilidad. Con todo se hacen pagar exhorbitadamente sus obras” Diego de Alvear, 1784. Tres fueron los factores determinantes o condicionantes en el proceso de formación de las clases sociales en los orígenes de Montevideo: la sangre, la autoridad, y la riqueza, que pudieron combinarse entre sí. La distinción entre españoles europeos o peninsulares, y españoles americanos o “criollos”, no fue tan marcada ni tampoco peyorativa para estos últimos como en otras regiones de Hispano-América; lo fue en cambio, por parte de los blancos, europeos y criollos, respecto de los indios, mulatos , zambos y otros cruces étnicos, sin ubicación en la sociedad colonial, y respecto de los negros esclavos o libertos. Tampoco hubo en el suelo uruguayo durante la época colonial una población indígena sometida por un grupo de europeos “conquistadores”. La conquista militar de dicho territorio, intentada por los Adelantados del Río de la Plata (1536-1591), fracasó por completo; las tribus aborígenes – poco numerosas, nómadas y sin organización alguna - , no fueron sin embargo sometidas – salvo pequeños grupos – sino más bien repelidas y contenidas por los “colonos” fuera de los límites jurisdiccionales de sus pueblos villas y ciudades, al margen de la sociedad colonial, donde se extinguieron paulatinamente en esporádicos encuentros con las milicias vecinales, o por obra de enfermedades congénitas o epidémicas. Hubo, en cambio, un lento y gradual proceso de “colonización”, más o menos pacífica, que fue desarrollándose en puntos clave, por su valor estratégico, del territorio de la “banda oriental” del Uruguay; uno de ellos fue precisamente, la península de Montevideo. Por lo demás, el poblamiento de dicho territorio comenzó cuando ya vivía en estas regiones platenses la cuarta o quinta generación de descendientes de los primeros españoles europeos; de modo que aquél se hizo en su mayor parte con indianos nativos o “criollos” de los territorios vecinos, como ser Buenos Aires, Santa Fé, Paraguay; en algunos casos, como para Montevideo, el grupo fundador hispano-criollo viose prontamente acrecido con colonos expresamente traídos de otros territorios españoles de ultramar : canarios primero, luego gallegos, asturianos y vascos.

 

Cuando la semana de turismo no era Semana de Turismo

Es bueno saber que antes de que se instaurara oficialmente la Semana de Turismo, este paréntesis anual de “sano esparcimiento” existía ya de hecho y sin bautizar ; en coincidencia, como hoy, con la Semana Santa. Es que las costumbres impías de muchos montevideanos no creyentes , habían convertido a estos días de unción religiosa en una ocasión dichosamente aprovechada para salir a disfrutar de aventuras campestres de variada laya. Mientras la mitad de Montevideo se recluía con aflicción en las iglesias y recorría sus ámbitos decorados luctuosamente, la otra mitad, la desaprensiva mitad de descreídos, ateos, masones, herejes, agnósticos, ácratas o simplemente aprovechados, partía muy  frescamente a sus pic-nics sin mayores remordimientos de conciencia, aunque despertando, eso sí, las iracundias de los buenos católicos. “La gente devota – clama un diario de fines de siglo, disgustado – está en su casa o en las iglesias, y las iglesias están acongojadas y mustias. Se reza en voz baja suspirantes plegarias, como si se temiera turbar el gran dolor mudo de Aquél que vino al mundo para morir por su redención. En la semioscuridad de las grandes naves llenas de fieles, hay susurros suaves de plegarias, y allá en el fondo negro, el gran Cristo extiende sus brazos cárdenos.”  Etcétera. Pero ahora llega el escándalo: “Y mientras duran las congojas de la iglesia, los indiferentes se van al campo a cazar, a destruir todo lo que hayan a su paso. Son las excursiones bullangueras de Semana Santa, en que los placeres de Heliogábalo – comida y bebida – constituyen lo principal.”  Ya se ve cómo estaban en auge por entonces, sin oficialización alguna, los mismos safaris que hoy dan colorido a nuestras Semanas de Turismo. No fue, pues, ninguna invención diabólica de gobernantes ateos para molestar a la masa católica: existía de facto, ya venía de antes, arraigada y con larga tradición en nuestros hábitos ciudadanos. Tan es así, que nuestra ciudad, por aquellos días, se enfundaba en el mismo aire despoblado y tristón que después asumiría puntualmente en cada Semana de Turismo oficial. Cuenta el mismo cronista: “La ciudad está muerta. La Plaza Independencia, tan animada siempre, está ahora desierta. Sólo algún vendedor ambulante de chucherías para los muchachos suele detenerse con desgano, exhibiendo su mercancía ante el escaso público que cruza las anchas calles sin detenerse. Por los alrededores de la ciudad se nota la misma calma, la misma quietud. El muelle de pescadores, sitio de bullangas, parece un cementerio. Tres o cuatro sujetos sentados en la vereda remiendan sus redes, charlando en voz baja…”  (Estimados Amigos lectores… los invitamos a seguir con otro de los grandes trabajos de Milton Shinca con RAICES del mes de Abril -2016 (quede este material como un homenaje a quién tanto diera por el rescate de nuestras grandes cosas..)

 

BANQUETES DE CUMPLEAÑOS

Ninguna forma de festejo comparable, en los tiempos de antes, a una de aquellas comilonas a las que eran tan afectas las familias, por poco pudientes que fueran. En especial los cumpleaños, máxime si eran de uno de los dueños de casa, pretextaban un banquete opíparo, a lo largo del cual desfilaba una sucesión portentosa de platos que hoy nos parecen de una fastuosidad oriental. La maratón aquella tenía por prólogo una sopa Juliana “servida en hondos platos de porcelana blanca, bien espesita” , y que podía ser de arroz, fideos o pan, y conteniendo casi siempre un huevo “caído” o “estrellado” , uno por comensal. En seguida irrumpían en el comedor enormes fuentones desde  donde desbordaba el infaltable puchero a base de “pecho” o de “cola” , conteniendo varias gallinas, tocino, arroz, garbanzos, chorizos de Extremadura y criollos, morcillas, papas, zapallos, cebollas, repollos, romero, laurel, amén de yuyos aromáticos surtidos. Por si este puchero resultaba algo cortón, era costumbre acompañarlo con una fuente de “pirón” suculento…
Detalla Rómulo Rossi, a quien sigo paso a paso por los laberintos de este intinerario gastronómico que después seguían el estofado aderezado con pasitas de uva; el llamado “quibebe”, que, contra lo que se podría sospechar , no era sino zapallo hervido deshecho con huevos; la “carbonada”, sabroso guiso de arroz y carne picada , también llamado “rendimiento”;  pastel relleno con presas de pollo o gallinas gordas, huevos duros, aceitunas, pasas de uva, picadillo de carne, cebollas, etc ; “humitas” a base de granos de maíz envueltos en chala. Y por fin cerraba el alarde principesco (para nosotros, no para ellos) un fabuloso pavo relleno, “cebado a base de nueces enteras que a la fuerza se le hacía engullir diariamente y desde un mes antes a la pobre víctima”, y que era traído a la mesa “reluciente e hinchado a fuerza de contener en su vientre el relleno de pan con leche, castañas, huevos, verduras”..Acompañaba de cerca a esta prodigiosa andanada el celebérrimo vino “Carlón” , preferido por entonces como infaltable riego de toda comilona como la gente. Y aún faltaban los postres, claro está, que en aquella época justificaban el plural, pues eran siempre más de uno : pastelillos de natilla o con dulce de membrillo; arroz con leche espolvoreado con canela en polvo;  y a veces , de yapa, “unas lasquitas de azúcar quemada” , que solían ser rociadas con Oporto o Jerez… Cerrando la marcha, aparecía el café o el té, a veces servidos por pocillos, a veces en mate


(Estimados Amigos lectores… los invitamos a seguir con otro de los grandes trabajos de Milton Shinca con RAICES del mes de Marzo -2016 (quede este material como un homenaje a quién tanto diera por el rescate de nuestras grandes cosas..)

DESTEÑIDO CARNAVAL FAMOSO

mvd

Parece que hubo un tiempo, en Montevideo, en que se acostumbraba simbolizar a Momo bajo la forma de un cordero al horno. Se lo paseaba por las calles en procesión – no sé si solemne o bulliciosa - , y al final del recorrido se lo devoraba buenamente en un banquete al aire libre. Desconozco el origen de esta costumbre insólita, que tiene un evidente aire exótico, arcaico y ritual; pero ya en el Novecientos había desaparecido, lo que me parece de veras lamentable. En vez, el Carnaval adoptó por esos años unas formas que le dieron fama perdurable, como que nos han llegado hasta hoy, a través de las versiones de los nostálgicos que ponen los ojos en blanco cuando evocan aquellas festividades “ que no han tenido igual” ,según ellos. Basta, sin embargo, revisar algunas fotografías neutralmente testimoniales para que el mito se desmorone, a mi parecer. Son instantáneas de los corsos más lucidos de entonces; los que se celebraban en 18, el Cordón y la Unión. Y allí figuraban los carros y comparsas de entonces, los mismos que cimentaron ese prestigio legendario que ha llegado intacto hasta nosotros. Lo primero que llama la atención es la abundancia de grupos exclusivamente femeninos, con sus trajes uniformados, un nombre distintivo, y encaramados en carros. Así, una veintena de chicas disfrazadas de bebas – algunas rollicitas por demás - , componían un conjunto titulado “Rincón Azul” , que desfilaban sobre una jardinera tirada por caballos (parecían satirizar a una sección bastante cursi de ese mismo nombre, que se publicaba en la revista “Rojo y Blanco” y que se dedicaba a describir poéticamente, aunque sin nombrarlas, a “niñas conocidas de nuestra sociedad” ). En otro carro, más o menos ormamentado, pasaba un ramillete de señoritas disfrazadas con larguísimos bonetes en punta, como de brujas, y se denominaban “Sonámbulas” se les llamaba a las videntes, médium, etc. ; esto es , a las que tenían poderes “extralúcidos”, nombre que designaba entonces a las facultades que hoy diríamos “paranormales” , sin que el cambio de nombre sirva para aclarar nada). En otro carro, tirado por un caballo que no podía disimular su profesión verdulera, venía un conjunto al parecer bullicioso, que se titulaba “Las sin esperanzas” ; mientras que mucho menos graciosas, por su aspecto y título elegido, parecen “Las más elegantes”, muy empeñadas en desmentir el nombre con que, irónicamente, se bautizaron. En el sector masculino la cosa no mejora. Desde Villa Colón se venían los “Hijos del Trabajo” que, contagiados por semejante nombre, lucían demasiado formales y aburridos. Algo más farristas parecían los “Como quiera”. Pero tampoco los que siguen despiertan los entusiasmos de quien repasa las fotos: ni “Los Caballeros Líricos” , ni la “Comparsa de la Escuela de Artes y Oficios” (que designaba, nomás, a la comparsa de la Escuela de Artes y Oficios) , ni “Los Caballeros de la Esperanza”, ni “La Campanilla Lírica” , ni “Los Hijos de la Guarnición” , ni los llamados “Ni Nos Conocen” , ni “Los Marinos”, que eran efectivamente marinos, desfilando con su Banda y todo…

(Estimados Amigos lectores… los invitamos a seguir con otro de los grandes trabajos de Milton Shinca con RAICES del mes de Febrero-2016 (quede este material como un homenaje a quién tanto diera por el rescate de nuestras grandes cosas..)


 

BANQUETES DE CUMPLEAÑOS

Ninguna forma de festejo comparable, en los tiempos de antes, a una de aquellas comilonas a las que eran tan afectas las familias, por poco pudientes que fueran. En especial los cumpleaños, máxime si eran de uno de los dueños de casa, pretextaban un banquete opíparo, a lo largo del cual desfilaba una sucesión portentosa de platos que hoy nos parecen de una fastuosidad oriental. La maratón aquella tenía por prólogo una sopa Juliana “servida en hondos platos de porcelana blanca, bien espesita” , y que podía ser de arroz, fideos o pan, y conteniendo casi siempre un huevo “caído” o “estrellado” , uno por comensal. En seguida irrumpían en el comedor enormes fuentones desde  donde desbordaba el infaltable puchero a base de “pecho” o de “cola” , conteniendo varias gallinas, tocino, arroz, garbanzos, chorizos de Extremadura y criollos, morcillas, papas, zapallos, cebollas, repollos, romero, laurel, amén de yuyos aromáticos surtidos. Por si este puchero resultaba algo cortón, era costumbre acompañarlo con una fuente de “pirón” suculento…
Detalla Rómulo Rossi, a quien sigo paso a paso por los laberintos de este intinerario gastronómico que después seguían el estofado aderezado con pasitas de uva; el llamado “quibebe”, que, contra lo que se podría sospechar , no era sino zapallo hervido deshecho con huevos; la “carbonada”, sabroso guiso de arroz y carne picada , también llamado “rendimiento”;  pastel relleno con presas de pollo o gallinas gordas, huevos duros, aceitunas, pasas de uva, picadillo de carne, cebollas, etc ; “humitas” a base de granos de maíz envueltos en chala. Y por fin cerraba el alarde principesco (para nosotros, no para ellos) un fabuloso pavo relleno, “cebado a base de nueces enteras que a la fuerza se le hacía engullir diariamente y desde un mes antes a la pobre víctima”, y que era traído a la mesa “reluciente e hinchado a fuerza de contener en su vientre el relleno de pan con leche, castañas, huevos, verduras”… Acompañaba de cerca a esta prodigiosa andanada el celebérrimo vino “Carlón” , preferido por entonces como infaltable riego de toda comilona como la gente. Y aún faltaban los postres, claro está, que en aquella época justificaban el plural, pues eran siempre más de uno : pastelillos de natilla o con dulce de membrillo; arroz con leche espolvoreado con canela en polvo;  y a veces , de yapa, “unas lasquitas de azúcar quemada” , que solían ser rociadas con Oporto o Jerez… Cerrando la marcha, aparecía el café o el té, a veces servidos por pocillos, a veces en mate…

(Estimados Amigos lectores… los invitamos a seguir con otro de los grandes trabajos de Milton Shinca con RAICES del mes de Enero-2016 (quede este material como un homenaje a quién tanto diera por el rescate de nuestras grandes cosas..)


 

BAÑOS DE INMERSIÓN…EN LA MISMA AGUA



El agua fue siempre un elemento de insegura obtención para el montevideano de la Colonia que, como es sabido, dependía en último grado de los pozos de la Aguada. Pocas eran las casas con aljibe, y no siempre el aljibe era generoso. Así, fueron frecuentes las restricciones y escaseces. No se sabe si por estas precariedades o por inconfeso desapego hacia la limpieza, la práctica del baño fue erradicada sin más de la temporada invernal; y en la veraniega, los baños se daban de vez en cuando, para no abusar. La bañera era por entonces un adminículo desconocido en nuestras casas. Se usaba en su lugar un gran tonel, una bordalesa, a la que se le suprimía una de las tapas. Cuando llegaba el gran día de la higienización de toda la familia – fecha que se convertía en una especie de feriado nacional -, los esclavos cargaban con la bordalesa al hombro y la colocaban en la caballeriza o en el galponcito que  siempre había en el fondo de las casas para guardar trastos viejos. Y después la llenaban con el agua extraída del aljibe, cuando lo había, o de la pipa comprada esa mañana al aguatero. Aquella festividad comenzaba después de la siesta. Primero eran los dueños de casa quienes se daban su buen baño de inmersión, sumergiéndose medio ligerito en el barril. Luego  los seguían los hijos, por riguroso orden de llegada al mundo. Demás decir que, vistas las dificultades ya anotadas en el aprovisionamiento de agua, no era cosa de desperdiciarla, de modo que toda la familia se sumergía en la misma…Y tanto era el afán de ahorro que, después, esa misma agua era utilizada por los esclavos para regar las plantas del jardín. Y si todavía sobraba, el remanente era llevado en latones hasta la vereda y se la desparramaba sobre la tierra de la calle, para impedir las polvaredas que el trote de un caballo  o un carruaje desaprensivo solían levantar, cuando no el viento. En aquellos tiempos tan obsesionados por el agua, los veleros que anclaban en nuestro puerto enviaban a algunos tripulantes en sus botes hasta un lugar próximo donde había pozos de agua dulce, cargando pipas y cuarterolas vacías para hacer provisión. Llamaron a ese lugar la Aguada, sin saber que lo bautizaban para siempre.

(Estimados Amigos lectores… los invitamos a seguir con otro de los grandes trabajos de Milton Shinca con RAICES del mes de Diciembre-2015 (quede este material como un homenaje a quién tanto diera por el rescate de nuestras grandes cosas..)

 

 

MODAS Y MODISTAS DE LA GUERRA GRANDE

Las señoras de Montevideo, durante los largos años del Sitio, no descuidaron los dictados de la moda ni se desentendieron de sus caprichos. Lo atestigua una noticia aparecida en el diario el “Comercios del Plata” de fecha 7 de noviembre de 1845, donde se enumeran los atuendos que debían llevar “nuestra elegantes” si es que querían acatar, entonces como hoy , los lujos de la moda venida de Europa:
“Las capotas de raso entretelado (“piquée”) son las que más se estilan y por cierto favorecen mucho, sobre todo a las bonitas y no pesan en la cabeza; el verde y el negro son los más en valimento para los sombreros de terciopelo que son los más elegantes y se llevan con una pluma caída como sauce llorón del mismo color. Para baile, nada es tan de moda como los vestidos de raso blanco, con rayas encarnadas, muy escotados, mangas a la valenciana (“bouton d´or”) que tanto hacen resaltar la hermosura del brazo; talle bajo y formando pico por delante, dos o tres guarniciones, como hemos dicho , y hasta en la cabeza, entre las flores, las plumas y los diamantes. En cuanto a la amplitud de las faldas tienden evidentemente a rivalizar con los más absurdos tontillos de nuestras abuelas. La crinolina Oudinot, aplicada a las enaguas, es el origen de esa extraordinaria amplitud.”
Parece ser que dos modistas se disputaban por aquellos días el favor de las damas copetudas de Montevideo: un par de inglesas, Jane and Catherine Birrel, establecidas en la calle Zabala con permanente exposición de modelos traídos directamente de París; y Juanita Gallino, célebre por la variedad de artículos de señora que vendía en su amplia “boutique” – diríamos hoy – de la calle 25 de mayo.

 

(Estimados Amigos lectores… los invitamos a seguir con otro de los grandes trabajos de Milton Shinca con RAICES del mes de Noviembre-2015 (quede este material como un homenaje a quién tanto diera por el rescate de nuestras grandes cosas..)

 

 

 

 

 

 


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