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GLORIAS DEPORTIVAS

CÉSAR ABBADIE

Un delantero maravilloso

   
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La presentación

La zancada larga, elástica; el dribling concebido a toda marcha;  el arranque imprevisto; la genialidad inesperada que confunde y desarma; la pujanza viril capaz de resolver cualquier partido en cualquier momento. Así era el Abbadie de su primer ciclo en Peñarol. Aquel Abbadie al que podría definirse como el de los pies ligeros, porque todo lo que hacía lo hacía a una velocidad pasmosa. Recordamos algunas imágenes: aquel partido contra Rampla Juniors en el que Ortuño sufrió la lesión de la que jamás se recuperaría y Schiaffino pasó como back izquierdo quedando Miguez y él debatiéndose solos en el centro del ataque contra los sólidos defensas ramplenses, hasta que él, Abbadie, conquistó el gol del triunfo; la tarde en la que todo River lo corría desolado por el campo del estadio Centenario sin poderlo parar una vez;  la noche, contra Alianza Lima en una de las copas “Montevideo” en que dos defensas peruanos cruzaron sus piernas para impedirle el paso, formando una especie de barrera de carne y hueso, y él, de taquito, levantó la pelota por sobre su cabeza y las de sus dos rivales, saltó ágilmente la barrera de piernas y siguió a toda máquina con la pelota; o la tarde en que integrando la selección uruguaya que estaba preparándose para defender en Suiza el Campeonato Mundial, enloqueció al Roth Weiss, un equipo alemán que sirvió de sparring a los celestes en la que creemos fue su última exhibición en Montevideo antes de partir para Europa.

La zancada larga, elástica; el dribling concebido a toda marcha; el arranque imprevisto pero también el freno si así era aconsejable; la genialidad inesperada que confunde y desarma; la pujanza viril, capaz de resolver cualquier partido en cualquier momento; y además, una inteligencia fría reposada, la visión sagaz, certera, que le convirtió en supremo estratega de uno de los más grandes equipos que haya tenido Peñarol a lo largo de toda su historia. Así fue el Abbadie de su segundo ciclo con los aurinegros. El Abbadie que, además de con sus pies ligeros, contribuyó a una de las más notables campañas peñarolenses de todos los tiempos con su capacidad de eximio conductor. No recordamos exactamente pero creemos que fue en 1966 que Peñarol, con la mayoría de sus titulares en Inglaterra integrando la selección uruguaya que disputaba allá el Campeonato del Mundo, dejó aquí un equipo de emergencia, juvenil, para las competencias locales. Y nos parece ver a Abbadie dirigiendo a sus inexpertos compañeros con tanta maestría y precisión como si utilizase hilos invisibles. O su estupenda, brillante performance contra el Real Madrid, en el primero de los dos partidos por la serie final de la Copa “Intercontinental” Interclubes aquí en Montevideo. Y tantas otras oportunidades en las que su presencia fue decisiva para el triunfo de sus colores y deleitó a las graderías con la belleza de su fútbol creador.

Tanto en sus épocas juveniles como cuando Italia nos lo devolvió maduro y magistral, Julio César Abbadie fue uno de los más notables jugadores que hayamos visto. Alguien, cierta vez, se refirió a él como el gran ausente del equipo uruguayo que disputó el Mundial de 1966, y nosotros, en lo que no es personal, suscribimos sin vacilar esa opinión. Desde sus lejanos comienzos, cuando el gran público le admiró, sorprendido, al verle aparecer en la primera aurinegra, en reemplazo de los titulares convocados en su mayoría para la selecci´n que conquistó la Copa “Rimet” en 1950, hasta que en 1969 resolvió su retiro, Julio César Abbadie, a lo largo de veintidós temporadas nada menos, deslumbró a los aficionados. Pero más que a la nuestra, para sintetizar lo que él representó futbolísticamente, nos remitimos a las opiniones coincidentes de Míguez y Schiaffino, cuando dijeron : “Abbadie era el único que no podía faltar en el partido contra Hungría del Mundial del 54”

 

Fuente  ESTRELLAS DEPORTIVAS No.12  Autor Carlos A. Cocchi

Queridos amigos lectores, con RAICES del mes de Agosto-15 , seguiremos repasando la carrera de Don Julio César Abadie , le contará al lector como fue su carrera futbolística…nos encontramos en esta sección.

 

JULIO CÉSAR ABBADIE  (Parte II)
Un delantero maravilloso

De Abbadie, el de los pies ligeros a Abbadie, el estratega

 

Jugué hasta 1969, año en el que, comprendiendo que mis servicios ya no le eran necesarios al club, opté por retirarme calladamente. En realidad fue un final distinto al que yo esperaba. Pero no me quejo. De cualquier manera, me queda siempre la satisfacción, y bien que la siento, de haber defendido al Club Altético Peñarol, y la no menor de haber recibido de su espléndida parcialidad tantas muestras de afecto.
Así epilogaron más de cuatro horas ininterrumpidas de conversación con Julio César Abaddie, sentados en el elegante living de su casa de Punta Gorda, mientras afuera el viento, frio y arrachado pugnaba por resistir el avance de la primavera. Pero allí, cómodamente instalados, olvidamos el viento y  frío y durante todo el tiempo volvieron a nuestra retina las imágenes de un fútbol desaparecido, del que Abbadie fue un inolvidable protagonista.

NACIÓ EN CANELONES PERO SE SIENTE DE PAN DE AZUCAR

Aunque habíamos pactado telefónicamente la entrevista, no fue fácil convencer a Abbadie de que narrase para nuestros lectores su vida deportiva. Cuando llegamos a la hora convenida, tras el saludo y estando arellanados en nuestros respectivos sillones, comentó dubitativamente:

“Estuve pensando, y creo que esto no tiene mucho sentido. Los viejos ya saben quién soy, ya me conocen, por lo que no agregaremos nada nuevo. Y los jóvenes… ¿qué les importa a los jóvenes la historia de Julio César Abbadie?
Ellos viven ahora, lo actual , y tienen razón , Abbadie futbolista ya no existe. Fue un pasaje de vida , y nada más.

No creemos que los jóvenes sean tan nihilistas – replicamos -.
A nosotros nos encantaba enterarnos de todo cuanto pudiéramos sobre los viejos campeones olímpicos, sobre los de 1930, sobre Piendibene, Carlos Scarone…

“A mí también. Incluso sigo sintiendo ahora la misma admiración que cuando niño por los cracks de quienes oía hablar en mi infancia. Por ejemplo, el otro día conocí a Raúl Rodríguez y me resultó emocionante.

¿Entonces? ¿Por qué los jóvenes de ahora no van a sentir lo mismo por usted y los de su época?

“No estoy muy convencido , pero si usted cree…adelante.
“Nací en Canelones – comenzó a narrar Abbadie con su voz segura y reposada – el 7 de setiembre de 1930. Pero inmediatamente nos radicamos en Montevideo, en Colón, y allí me hice partidario de Olimpia en básquetbol y todavía sigo siéndolo. Aquí habré comenzado a jugar al fútbol en la calle y el baldío, como cualquier niño, a los seis años de edad, pero a los diez la familia se trasladó a Pan de Azucar, por lo que prácticamente me considero de allí. A los 14 años me enrolé en un club de tercera división, Atenas, y a los 16 y 17 ya lo hice en primera división, en el Club Pan de Azucar. Allí tuve de compañeros a mi hermano Ruben que después jugó en Nacional y Cerro ; a Clavero, de Central, posteriormente, y a Juan Tejera, que ya estaba veterano. Fue en ese equipo, en el Pan de Azucar, en el que di mis primeros pasos en serio. En 1947 integré la selección de Maldonado que disputó Campeonato del Este que ese año se jugó en Melo. Después de finalizado el torneo, un amigo Edmundo Nuñez , me invitó a venir a Montevideo a practicar en Peñarol. Vine a fines de 1948 y practiqué en la Tercera Especial que entonces dirigía el “Pollo” Aníbal Tejada , y a partir de ese momento, podría decirse que dio comienzo mi carrera profesional.

¿ Recuerda sus compañeros en tercera?

“Claro, Carpentieri, Porteiro, Fierro, Mengler, De Simone, Medina, en fin…

Un Compañero nuestro lamentablemente fallecido, Luis Ayala, que en aquel momento cubría las prácticas de Peñarol, contaba siempre que cierta vez Hirschl fue a ver entrenar a la tercera y le dijo a Tejada que se lo mandase al plantel superior.

“Es cierto. Yo no lo oí, pero me contaron que así fue. Era el año 49 y yo estaba todavía en la Tercera. Un día el señor Hirschl fue a presenciar la práctica, le preguntó a Tejada por mí (quién era yo, de dónde había venido) y después me pidió para el plantel superior. Permanecí en él durante todo el 49 alternando en la Reserva. Delante de mí estaba la famosa delantera con Ghiggia, Hohberg, Míguez, Schiaffino y Vidal y por supuesto había que armarse de paciencia y esperar. Pero las oportunidades llegan, y para mí llegó rápido. En 1950, cuando se celebró el Campeonato Mundial en Brasil, prosiguió aquí la disputa del uruguayo y así fue que ascendí a Primera División, junto con otros compañeros, y jugué junto al único delantero que había quedado, Hohberg. El equipo de Peñarol que quedó jugando el Uruguayo gustó mucho, lo cual, a mí personalmente, e abrió las puertas para alternar desde entonces en la primera división. Cuando los titulares volvieron de Brasil tras conquistar la Copa “Rimet” , yo quedé como suplente de los tres centrales del ataque.

 

Fuente  ESTRELLAS DEPORTIVAS No.12  Autor José Nunes.

Queridos amigos lectores, con RAICES del mes de Octubre-15 , seguiremos repasando la carrera de Don Julio César Abadie , le contará al lector como fue su carrera futbolística y su debut internacional y el partido contra Inglaterra…nos encontramos en esta sección.

 

 

JULIO CÉSAR ABBADIE  (Parte III)
Un delantero maravilloso

EL DEBUT INTERNACIONAL Y EL PARTIDO CON INGLATERRA

-Durante el año 51 – prosiguió Abbadie – mi situación fue la misma, suplente para cualquiera de los puestos centrales, y como siempre se lesionaba alguno , la verdad es que fueron varios los partidos que jugué. Hasta que llegó 1952 y ese año fue muy importante en mi carrera. En primer término porque se produjo mi debut en la selección uruguaya, a la que fui convocado para el Panamericano que ese año se disputó en Santiago de Chile. Imagínese mi satisfacción, o mejor dicho mi orgullo , al vestir la celeste, la casaca de los por entonces campeones del mundo. No nos fue mal en el Panamericano, aunque pudo habernos ido mejor. Pero además, porque ese año Ghiggia fue transferido al fútbol italiano y Juan López , que también ese año se había hecho cargo de la dirección técnica de Peñarol, me confió la titularidad de la extrema derecha en el ataque.

-¿Qué pensó cuando tuvo que jugar de puntero derecho?

-¿Qué pensé? La verdad es que en ese puesto nunca me gustó jugar. Pero un futbolista profesional debe jugar donde el técnico estime que es necesario y por lo tanto jugué de puntero derecho sin decir una sola palabra.

-¿Le costó adaptarse?

-No lo creo. Pero si 1952 había sido un año importante para mí, 1953 lo fue todavía más. Porque durante esa temporada disputamos un memorable partido contra la selección de Inglaterra en el estadio Centenario. Aquella selección inglesa era muy fuerte, con jugadores de la talla de Finney, Stanley Mathews, Billy Wright, un equipo sumamente publicitado en todo el mundo. Y Juan López , que dirigía la selección uruguaya, me convocó como puntero derecho titular. Hubo varias personas que criticaron a Juan por esa decisión, considerando que yo no debía ocupar ese puesto porque, por lo visto, mi rendimiento en él no les satisfacía. Pero Juan me mantuvo y me dio la confianza necesaria.

-¿Qué recuerdos guarda usted de ese partido?

-Imagínese. Creo que fue una de las más grandes satisfacciones de mi carrera deportiva. Era un partido trascendente porque oponía a dos grandes equipos. Uruguay era campeón del mundo, Inglaterra un adversario de gran talla, y del resultado estaba prácticamente pendiente todo el mundo futbolístico. Quiero decir que la resonancia internacional del encuentro era formidable. Pero además, el clima, la expectativa que reinaba aquí en Montevideo eran los propios de los grandes acontecimientos. Y el desenlace fue el que hubiéramos pedido cada uno de quienes esa tarde vestíamos la celeste. Porque la actuación uruguaya en ese partido fue inolvidable y porque ganamos dos a uno.

-Usted hizo el primer gol

-Tuve esa enorme satisfacción. Satisfacción personal, por supuesto, pero también satistacción porque de ese modo respondí a la confianza que Juan López había depositado en mí, por encima de las opiniones que afirmaban que yo no debía jugar.

-¿Qué dijeron después quienes opinaban así?

-No tengo la menor idea. No me preocupó enterarme. Para mí, ese partido tuvo la consecuencia de que me consolidó como candidato a seguir en la selección, lo que se confirmó cuando al año siguiente fui designado para integrar el plantel que debía concurrir a Suiza a defender la Copa del mundo.

Fuente ESTRELLAS DEPORTIVAS No. 12  Autor : José Nunes.

Queridos amigos lectores con RAICES del mes de Octubre-15 , seguiremos repasando la carrera de Don Julio César Abbadie, le contará al lector “UN MUNDIAL QUE PUDO QUEDAR EN MANOS CELESTES” , nos encontramos en esta sección.

JULIO CÉSAR ABBADIE (Parte IV)


UN MUNDIAL QUE PUDO QUEDAR EN MANOS CELESTES


Practicamos aquí en Montevideo contra varios equipos y selecciones, y luego hicimos una gira por diversos países europeos previa al comienzo del campeonato del mundo. Hubo quienes dijeron que esa gira resultó contraproducente.


Puede haberlo sido por las lesiones que eventualmente se sufren en competencia. Pero fue muy útil a los fines de armar el equipo. Y esto quedó demostrado por los hechos, porque el rendimiento de la selección uruguaya, cuando comenzó el Mundial, fue muy distinto al que le había correspondido en los amistosos de práctica . Claro que en ese sentido interviene el factor motivación que es completamente distinto para uno y otro caso.


¿Pudo haberse ganado el Mundial de 1954?


Pienso que sí, que pudo haberse ganado. Incluso creo debimos haberlo ganado, porque Uruguay poseía un excelente equipo, que se entendía a las mil maravillas en todas sus líneas y con hombres, hombres en la verdadera acepción de la palabra en todas ellas. Lo que ocurrió fue que, precisamente en el partido clave contra Hungría, soportamos lesiones que mermaron su poderío, como la de Obdulio, y ausencias importantes como la de Míguez.


También faltó usted, porque se desgarró en la ingle contra Inglaterra


Es verdad.

Dos de nuestros anteriores entrevistados, Miguez y Schiaffino, afirman que el único jugador que no podía haber faltado en ese partido era usted. Schiaffino dijo que usted era carta de triunfo, del mismo modo que Ghiggia lo fue en el 50.


Abaddie sonríe, mueve la cabeza y simultáneamente enarca sus cejas. Pero elude la respuesta, y prosigue:


A pesar de que Hungría era un maravilloso equipo, nosotros éramos capaces de ganarle. Pero en ese partido que fue una verdadera final, que tuvo sabor a final, creo que a pesar de la buena actuación de nuestro seleccionado, los húngaros merecieron la victoria.


¿Por qué?


Por la pasmosa frialdad con que se condujeron durante todo el tiempo, porque jamás cambiaron su sistema de juego, lo cual demuestra la notable categoría de los jugadores que integraban ese equipo húngaro. Ellos jamás se defendían, siempre atacaban. No se preocupaban de los goles que pudieran hacerles, sino los que ellos querían hacer. Era realmente todo un espectáculo verlos jugar. Y a pesar de que Uruguay tuvo el triunfo, en el alargue en los pies de Schiaffino, cuando una pelota se le quedó en el agua, sigo pensando que el triunfo húngaro fue justiciero.



FIN DE UN CICLO Y EL COMIENZO DEL SEGUNDO


Así terminó el primer gran acontecimiento de mi carrera deportiva, con un cuarto puesto en el Campeonato del Mundo. Fue el único Campeonato del Mundo en el que yo pude participar.


¿Pudo haber sido un tercer puesto?


Pudo haber sido un primer puesto. Ya se lo dije. Pero las lesiones se ensañaron con nosotros. En el último partido, contra Austria, la concentración de Interlaken parecía una enfermería. Hubo que jugar con muchos lesionados, y así , ganar es muy difícil. El año siguiente, el 55, fue para mí prácticamente de reposo. Jugué muy pocos partidos porque fui operado de los meniscos. Mientras tanto se iba gestando una nueva etapa de mi carrera, como consecuencia precisamente de la actuación de la selección uruguaya en el Mundial de Suiza. Primero fue transferido Schiaffino al fútbol italiano. Luego el Génova se interesó por mi concurso.


Recordamos que hubo una gran polémica interna en Peñarol.

Efectivamente. Hubo quienes se opusieron decididamente a que yo fuese transferido, de manera que cuando el Génova oficializó su gestión e hizo una propuesta concreta, el presidente ingeniero Buzzetti resolvió llamar a asamblea de socios porque pensó que la Directiva no podía asumir por sí sola la responsabilidad de decidir.


Nos imaginamos su estado de ánimo


Durante toda mi vida le guardaré agradecimiento a la parcialidad peñarolense porque siempre me distinguió con su cariño con aplausos. Incluso, desde un punto de vista estrictamente espiritual, el hecho de que Peñarol hay llamado a asamblea para resolver si me concedía el pase o no , constituye una tremenda satisfacción moral, porque quiero decir que se me apreciaba como jugador y como persona. Pero la vida activa de un profesional del fútbol dentro del deporte es efímera. Si uno no aprovecha las oportunidades, éstas lo dejan atrás y difícilmente vuelven a ofrecerse.


Fuente : ESTRELLAS DEPORTIVAS No. 12 Julio César Abbadie (autor Carlos A. Cocchi)


JULIO CÉSAR ABBADIE (Parte V)



Un Delantero maravilloso


-La temporada de 1966 constituyó una de mis mayores satisfacciones en el plano deportivo. Le dije ya que representaba la culminación de una etapa de Peñarol y mía con triunfos de mucha resonancia en el ámbito mundial y así fue porque conquistamos dos sensacionales triunfos: uno contra River de Buenos Aires y otro contra Real Madrid.

-Sin embargo, la campaña de Peñarol en la “Libertadores” empezó muy mal ese año. Perdieron con Nacional cuatro a cero

-Es cierto. Pero aunque parezca mentira cuando terminó ese partido, nosotros estábamos seguros de que si volvíamos a jugar al otro día. Nacional no podía ganarnos. Fue un partido raro, hasta de goles raros. Porque lo que había sucedido dentro del campo no era para semejante resultado. Y fíjese que después le ganamos los restantes partidos. A River le ganamos aquí dos a uno y perdimos en Buenos Aires tres a dos sin merecerlo. No creo que a ningún equipo le hayan hecho peores jugarretas de las que River le hizo a Peñarol en ese partido . Ni siquiera enviaron la locomoción al hotel para conducirnos al estadio, especulando con que llegásemos tarde para que el juez les declarase ganadores por no presentarnos. Menos mal que la buena voluntad de algunos automovilistas argentinos neutralizó la mala voluntad de los dirigentes riverplatenses. Tuvimos que parar automóviles en la calle, explicar qué nos sucedía y así fuimos a Nuñez desperdigados. Además como no teníamos escolta policial ni ninguna clase de distintivo y las aglomeraciones en los accesos al estadio son tremendas, debimos bajar de los automóviles y caminar diez o más cuadras para llegar. Fíjese que tuvimos que entrar a la cancha sin siquiera masajearnos, porque no nos dio el tiempo. Pero bien dicen que el que las hace, las paga, porque después en Chile, les ganamos cuatro a dos.

-Vimos ese partido

-Sacamos un resultado casi imposible. A los treinta y dos minutos del segundo tiempo. River estaba ganando por dos a cero. ¿Se imagina lo que es eso? Pero nosotros teníamos un equipo de hombres, hombres con indomable vergüenza deportiva. Y dimos vuelta las cosas increíblemente. Empatamos antes de terminar los noventa minutos, y en el alargue les hicimos dos goles. Y pudimos hacerles más. Se sorprendieron los chilenos, se sorprendieron los argentinos y también se sorprendieron los uruguayos que estaban aquí escuchándolo por radio. Muchos de ellos me confesaron después que cuando River hizo el segundo gol, apagaron el receptor para no sufrir con la goleada que parecía venírsenos encima.

- Y después los triunfos sobre Real Madrid aquí y en Madrid.

-Sí, pero para mí ese triunfo sobre River en Santiago fue de mayor trascendencia y emoción que el que conquistamos sobre el Real Madrid. Porque además de que volcamos en nuestro favor un partido cuando nadie daba un centésimo por nuestra chance en los comentarios previos los críticos argentinos enfatizaban que River era favorito porque era un equipo joven, mientras que nosotros éramos un equipo viejo. Sin embargo en el alargue, nosotros corríamos más que ellos. Claro que existía un factor espiritual que nos era favorable que a nosotros nos estimuló y a ellos los aplastó. El haberles empatado cuando nadie lo esperaba, nos puso alas en los pies, y a ellos plomo. Esos triunfos, sobre River y Real Madrid constituyeron para mí, algo así como el maravilloso cierre de mi carrera. Me quedaron grabados como algo muy especial.

Fuente : ESTRELLAS DEPORTIVAS No. 12 Julio César Abbadie (autor Carlos A. Cocchi)


Queridos amigos de RAICES, hasta aquí hemos presentado parte de la historia futbolística de Don Julio César Abbadie , con el próximo número ofreceremos otra historia , los esperamos.



Fuente : ESTRELLAS DEPORTIVAS No. 12 Julio César Abbadie (autor Carlos A. Cocchi)



Queridos amigos de RAICES , con el próximo número ofreceremos UNA REAPARICIÓN FELIZ PARA LA ULTIMA ETAPA , continuando este homenaje a Julio César Abbadie, los esperamos en esta sección





 

 

 

 





   
 


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