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ESCRITORES URUGUAYOS

UN RECUERDO PARA
FELISBERTO HERNÁNDEZ


   
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Felisberto Hernández es uno de los mayores narradores del Uruguay, nacido en Montevideo el 20 de octubre de 1920 y fallecido el 13 de enero de 1964. Cultivó el género fantástico, y sus primeras obras vieron la luz en modestas publicaciones del interior del país. Este singular autor desarrolló la oralidad en sus textos, reflejando las narraciones que él mismo contaba en sus días de vendedor viajante.

Obra de Felisberto Hernández

Felisberto Hernández nos dice sobre su manera de escribir: “Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda”.
Otra de las facetas de Felisberto es la de pianista. Realizó giras por todo el país y también por Argentina, acompañando las películas de cine mudo y como concertista. Fue compositor de varias obras: “Marcha fúnebre”, “Canción de cuna”, “Primavera”, “Negros”, “Crepúsculo”.
En 1925 se publica su primera obra, “Fulano de Tal”. “Libro sin tapas” es de 1929, “La cara de Ana” de 1930 y “La envenenada” de 1931. En 1940 abandona su carrera como pianista para dedicarse de lleno a la escritura. En 1942 publica “Por los tiempos de Clemente Colling”, y en 1943 “El caballo perdido”. Sus obras fueron traducidas a numerosos idiomas. Sus textos son estudiados en varias universidades, en Estados Unidos, México y otros países.

Vida de Felisberto Hernández

La vida privada de Felisberto Hernández estuvo marcada por sus numerosos matrimonios. En 1925, Felisberto Hernández contrae matrimonio por primera vez, con la maestra María Isabel Guerra. Se divorció en 1935. En 1937 se casó con la pintora Amalia Nieto, de la cual se divorció en 1943. En ese mismo año, se casa con la española María Luisa de las Heras, y se separa en 1950. En 1954, se casa con la pedagoga Reina Reyes, y se divorcia en 1958. En 1960, comenzó el noviazgo con María Dolores Roselló.
El capítulo más singular en la vida de este talentoso escritor es, sin dudas, su relación con la española María Luisa de las Heras, quien resultó ser una espía soviética que lo utilizó para infiltrarse en la sociedad uruguaya.
Se conocieron el 13 de diciembre de 1947, cuando el también uruguayo Jules Supervielle presentó a Felisberto Hernández en el Pen Club de París. María Luisa poseía muchos alias: África, Patria, María de la Sierra, Ivonne y María Pavlovna. Era coronel del Ejército Rojo y miembro del servicio secreto soviético. El carácter anticomunista de Hernández era perfecto como encubierta.
María Luisa dijo ser sobrina del general Manuel de las Heras, para poder acercarse a Felisberto. Su misión era la de convertirse en secretaria de León Trotski, para arreglar su asesinato en México. La elección de Montevideo como base de operaciones se debió a la tranquilidad de la misma. En dos años, María Luisa estaba plenamente vinculada a la sociedad montevideana y no necesitaba de la ayuda de Felisberto. Fue entonces que se divorciaron y María Luisa se casó con Valentino Marchetti, quien también era espía soviético. Felisberto jamás se enteró de las actividades ocultas de su mujer.

 

 

 





   
 


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