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CRONICAS SABROSAS DEL VIEJO MONTEVIDEO
por. ROMULO ROSSI

   
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EL NEGRO SAYAGO

El negro Sayago, aparte de su popularidad en los días de paz y muy especialmente en los de las corridas de toros, fue hombre de epopeya. Soldado de la Defensa, actuó también como clarín de órdenes de Garibaldi, en la célebre acción de San Antonio.

Africano, fue traído muy niño de las selvas de los trópicos como esclavo conjuntamente con sus padres, en épocas en que se ejercía tan triste comercio, cabiéndole en suerte pasar a pertenecer a la familia del señor Sayago. De ahí su apellido.

El negro Sayago, que así lo llamaba todo el mundo, era uno de esos morenos educados por gente antigua, sumamente prolijo en el vestir y extremadamente cumplimentero y bien hablado. Sus motas, siempre cuidadosamente peinadas, con raya al costado, eran cubiertas por una gorra de visera dura, que a poco, quedaba gastada con tantas reverencias a que la obligaba su dueño.

Como buen africano, aunque su pronunciación española era correcta, Sayago ostentaba orgulloso dos aros de oro que pendían de sus orejas, el lujo de los de aquella raza; con cuya costumbre fue consecuente, hasta la muerte.

Conocido y querido por chicos y por grandes, era detenido nuestro hombre, a cada momento, con la consiguiente recompensa de algunos vintenes o de algunos reales; y su proverbial saludo, lleno de ceremonias, dirigido a hombre o mujer, según los casos , sin dar tiempo casi, a que se le contestara, se hizo célebre.

-¿Cómo está el joven? ¿Cómo se encuentra la niña? ¿Su señor papá? ¿Su señora mamá? ¿Sus hermanitos y sus hermanitas, se encuentran bien?

Sumamente respetuoso, como todos los de su raza, jamás tomó el lado de la pared a ninguna persona blanca, en sus correría habituales por las calles de la ciudad; y así, ya viejo, pero erguido, continuó haciéndose estimar por todos, hasta que la muerte lo llamó a su seno, después de la guerra de 1904.

Retirado de la vida militar con su correspondiente premio de constancia, mejoraba sus medios de vida, repartiendo prospectos a toques de clarín, - siendo su especialidad y el que le diera fama, el de atención, - No se concebía entonces que pudiera haber corrida de toros sin que ella fuese pregonada anticipadamente y en todas las boca calles, por los vibrantes y prolongados sones, que tan armoniosamente arrancaba de su instrumento, el veterano moreno.

En las corridas de toros, Sayago desempeñaba a conciencia su rol de clarín de órdenes poniendo su mayor cuidado, en el toque de atención , para que los “porteños” se diesen cuenta de cómo las gastaba.
Tan popular llegó a ser nuestro biografiado que nos dejó un refrán: el que refiriéndose a una persona que tiene muchas relaciones , se le dice : más conocido que Sayago.

 

 

 

 





   
 


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