linea horiz
LA REVISTA - PUBLICACIONES ANTERIORES - ARTÍCULOS DEL MES - MANDA UN ARTÍCULO - VÍNCULOS - DESTACADOS - CONTACTO - APOYAN - INICIO

 

articulos

 

 

 

 


   
COLON TE VISITO EN MI NOSTALGIA
Por. Julio César Romero
   
linea    

LOS BARRIOS Y SU GENTE

DESTINO COLON
Por. Julio César Romero Magliocca

Nací en una época en que todos familia, decíamos buen día…
Una mañana de mayo del 1964, aterrizaba en la calle Yegros, en el querido Colón.
Frente a casa había un monte que en los inviernos los árboles se doblaban como mimbres, añejos de manos pioneras. Sus campos, alfombras verdes de antiguos quinteros que dejaban como testigos, árboles de olivos, membrillos y perales.

Arroyitos que serpenteaban, daban vida y agua a las vacas que también pastaban.
Pájaros de todas las especies eran la melodía de las mañanas soleadas.
Allí pude ver los mejores atardeceres en donde el sol, tomaba mate con los vecinos iluminando con sus rayos las casas más humildes.
Mis vecinos trabajadores, despedían con su adiós en las mañanas casi noche, para volver cuando el rey sol decía adiós allá bien lejos.

El recuerdo me toma de la mano y me saca a pasear por las calles de mi barrio, me lleva a la escuela de Lezica (Juan Manuel Blanes), en un mundo de palomas blancas.
La maestra toma mi mano y me invita a sentarme junto al pupitre entre aromas de lápices y gomas perfumadas multicolores.

Ahora el fútbol y las corridas por los caminos sinuosos hasta llegar a esa canchita tan querida del Yegros, bien pegada a la zarzamora espinosa. Atornillado los palos del arco daban vida a nuestras vidas entre la alegría de un gol, o el dolor de un golpe sin la intención de lastimarnos, porque todo era inocencia, lo malo existía en las películas.
La red que se infla y el estallido del gol que inicia la corrida del triunfo…

Ya es otoño y el frío es más frío con la sombra de los gigantes eucaliptus, la sopa de pan y tras la ventana ver llegar la noche, haciendo los deberes para entregar al otro día. Algún mandado de ultima hora para preparar la comida con el gusto de mi madre.
Es hora de acostarnos, esa hoja del libro de mi vida ya se había corrido. Entre sueños reviviría los sujetos, de las oraciones mas fuertes de ese día.

 

MI BARRIO
por. Julio César Romero Magliocca.

Te visitaré una y otra vez,
recorreré tus calles,
visitaré tus raíces,
clavaré mis narices en tu aire,
tomaré al niño aquel,
para pasear tus campos,
para juntar tus hojas muertas,
alimentaré historias,
de épocas pasadas,
veré de nuevo a mi madre,
en aquella pileta lavando ropa,
te veré llegar tras la ventana,
con las alas rotas,
intentaré sufrir menos,
guardar sonrisas,
porque así es la vida,
alimentaré mis años,
para volar un día,
y así me iré,
como una visita,
que nunca partió.

PLAZA FRANCISCO VIDIELLA

Paseo ineludible de todos quienes vivíamos en Colón o zonas vecinas.

Ese gran monumento al pionero de la vitivinicultura en la zona, como lo fue Francisco Vidiella en su centro. Recuerdo cuando acompañaba a mi madre para hacer alguna compra en las tiendas del centro de Colón, era normal en algún momento descansar un poco en los bancos de la plaza, para luego retomar el regreso a casa. Punto de encuentro de los novios en algunos de los bancos más retirados. Si habrá visto pasar tantas generaciones presurosas para tomar el tren en la estación, o recibir algún visitante que conocía por primera vez Montevideo. Si habrá visto pasar tantos carnavales y ver correr tantos niños por sus veredas.


Su estatua, inaugurada en la Plaza Colón, en 1891 -obra de Juan Luis y Nicanor Blanes, hijos de Juan Manuel Blanes-, consagra los méritos de este progresista ciudadano. El monumento es el primero que se levantara en el Uruguay en homenaje a un extranjero que no era ni político, ni militar, ni héroe nacional, sino un emprendedor productor y trabajador rural.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 


Hermoso Colón de mi infancia, siento que te debo mucho…

Tú me regalaste una escuela hermosa donde nos formábamos personas de bien, continuando la enseñanza de nuestros hogares. Me regalaste tu aroma inconfundible mezclado de eucaliptus y acacias y hermosas flores de los jardines de nuestros vecinos. Me regalaste tus campos, aquellos que solía recorrer con la honda o en partidos interminables de fútbol con mis amigos. En enseñaste a quererte a través de la historia que en tu interior tu guardas. Recuerdo aquellos paseos por la plaza y bien cerquita allí ver pasar el tren que con sus ruidos traían presurosos pasajeros que subían y bajaban. Un poco más allá la plaza de deportes en donde hamacábamos las ilusiones tempraneras, de aquellos días de juegos y aire libre, tan libre como nuestros pasos que te caminaban todo. Recuerdo de vecinos que ya no están a quienes les teníamos sumo respeto, aquel nacido hasta desde una mirada que corregía una acción equivocada. Esos hermosos carnavales que supiste regalarme, en donde el multicolor de los conjuntos alegraban la barriada. El paseo del carro de la vendimia, en donde hermosas chicas regalaban pequeños ramitos de uvas, participándonos en su fiesta, luego de la cosecha, en donde tantos vecinos participaban con su trabajo. Son tantos y tantos los recuerdos que no darían los espacios de esta revista para enumerarlos. Si quiero decirte, que a pesar de vivir un poco más lejos de tus calles, siempre te llevo conmigo, y simplemente para ello necesito activar solo el recuerdo.

 


 

 

 

 

 

   
 


PÁGINAS AMIGAS