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Padre Cacho

Siervo de Dios

   

   

Cacho

 

 

 

DOCUMENTO VATICANO - ver aquí >

 


Nota en FACTOR 970 AM Radio Universal - 20 de febrero 2017
Enlace a la nota: http://970universal.com/…/hace-anos-que-la-iglesia-tiene-t…/

Nota en Programa “Desde el Altillo” Rtv
https://youtu.be/UFuuwvMvv9A

Programa “ Te doy mi palabra” Radio Oriental

 

 

ECOS DE LA PRENSA URUGUAYA - ver aquí >

 

PADRE CACHO Siervo de Dios
Por. Julio César Romero Magliocca

Isidro Ruben Alonso, por todos conocido por Padre CACHO , nació en el barrio de Villa Dolores en la calle 4 de Julio al 3083 , un 15 de mayo de 1929 en un hogar humilde.
Cacho diría en una entrevista : “ Yo también nací en un rancho. La casa de mi papá y mi mamá era de zinc. Mi papá era panadero. Mi mamá lavandera. Éramos seis hermanos, y en casa había necesidad, hambre, pero había mucho amor. Te diría que nunca viví – siendo niño – la extrema pobreza, la pobreza esta que veo acá, que veo crecer y agudizarse” ( Cantegriles de Aparicio Saravia).

Su hermana Lorenza recuerda a Cacho , ese niño frágil :

“Recuerdo que él de chico era un poco “enfermito” de los bronquios, mi mamá lo cuidaba mucho.
De todos los hermanos era el más protegido de mi madre. Mis padres eran primos entre si, muy católicos, nos enseñaron de chicos a seguir sus pasos…En lo familiar Cacho era llamado “Chiquito” … Mamá hacía lavados y cocía para la Iglesia de los Jesuitas San Ignacio de Loyola, mi padre maestro panadero.

El desde chico quería formar parte de los Jesuitas , hasta que un sacerdote le dijera “Cacho , mira que los jesuitas son muy rigurosos, tu no vas a soportar ya que sos enfermo de los bronquios” , entonces de alguna manera lo rechazaron, por supuesto que se lo dijeron con buenas palabras, pero no lo aceptaron allí. Con el tiempo Cacho y su familia se muda para el barrio Villa Colón, continuando los estudios ahora en el Colegio Pío, es allí que queda enamorado de la vida de entrega de Don Juan Bosco.
Contando con 12 años ingresa a la Escuela Jackson en Manga , para luego continuar los estudios complementarios en Córdoba / Argentina.

Cacho ingresa en diciembre de 1943 a la casa de formación en Manga, como aspirante. El aspirantado estaba dividido en el grupo de los mayores y el grupo de los chicos. Cada grupo tenía su dormitorio aparte. Cada uno estaba regido por un asistente.  Los estudios se prolongan hasta 1959 que es el año que se ordena sacerdote en Córdoba.
Sus primeras tareas, su llamado junto a los pobres, lo seguiremos contando con Raíces de Junio 2017.

Fuente : “Un Cacho de Dios (2012) Julio César Romero Magliocca – “La vida íntima del Padre Cacho” (2016) Julio María Alonso / Julio César Romero Magliocca

 

El Padre Cacho, un camino de santidad
Mi vecino el Siervo de DiosEl por. Julio César Romero Magliocca


l padre Cacho


El padre Cacho
Recientemente la Iglesia uruguaya recibió la notificación por parte del Vaticano, que Isidro Ruben Alonso Alonso, por todos conocido por Padre Cacho, se consagraba Siervo de Dios, dando curso a los trámites de canonización, lo que transformaría en poco tiempo ser el primer Santo uruguayo.
Nací en un barrio a las afueras del centro de Montevideo de nombre Colón, allí cerca de casa existe aún la casa del ex Presidente Idiarte Borda, con otras casas quintas enormes transformando a la zona residencial de un nivel superior a otras zonas.
Allí viví mis primeros 14 años de vida, hasta que un día debí mudarme. El camión de la mudanza me recorría por la zona más pobre de Montevideo, casas muy humildes bordaban al Bulevar Aparicio Saravia.
Nada sabía aun que allí vivía un vecino sacerdote que había dado su paso trascendental de dejar su parroquia para irse a vivir junto a los pobres.
Mis vecinos como lo de este sacerdote en su gran mayoría vivían de la recolección de residuos en búsqueda de materiales, los cuales luego de venderlos en los grandes depósitos a cambio de unos pesos flacos, le permitían un poco más que la comida diaria.
Este sacerdote al poco tiempo de llegar, ya se había transformado en un referente muy importante del barrio, debido a su despliegue por cambiar la realidad de esta gente humilde. Su vocación religiosa lo hizo llegar hasta ahí por un llamado de Dios, pero ahora se sumaban el de sus hermanos, los pobres.
El primer logro que tiene el barrio es la construcción de un centro comunal en donde los vecinos se pudieran reunir para trabajar en las mejoras del barrio, colocar allí grandes piletones para lavar la ropa y traer el agua corriente.
Luego llegaría con los estudiantes de veterinaria, la fundación de la primera veterinaria para atender los caballos de los clasificadores, y atender los animales entre ellos hacer un censo de cerdos, otro de los ingresos para esta gente humilde.
Se crearon talleres de herrería, cestería y carpintería, salones comedores y guarderías para atender los niños de estos clasificadores, quienes hacían un camino penoso revolviendo las bolsas, buscando lo valioso que le permitiera vender luego.


http://www.periodistadigital.com/imagenes/2017/02/27/foto-de-la-familia-del-padre-cacho.jpg


No se dejó de lado la atención sanitaria de los habitantes, para ello se fundaría una policlínica. Cacho y un ejército de colaboradores honorarios transformaban al barrio.
Con mucho esfuerzo y ayuda de la Iglesia Mundial, se consiguieron los primeros fondos para modificar la vivienda humilde (rancho, se construía con postes de madera, chapas y cartón), por una casa de material.
Cacho recuerda que el barrio le pide la misa, para un miércoles sin entenderlo mucho, los vecinos le recordarían que ese día habían recibido el hogar más digno (la construcción de las primeras casitas de material), de alguna manera había que agradecerle a Dios.
Sin dudas que por su despliegue, su convivencia de 14 años entre la gente pobre, Cacho sacaría muchas lecturas de su experiencia, entre ellas el don de la paciencia para poder luego sacar el diagnostico de ese gran dolor que produce la pobreza.
Con el tiempo Cacho enferma de cáncer de estómago, y debe marchar del barrio para el hogar sacerdotal, el escribiría en su diario:
Fecha 8 de junio de 1992 - "El médico ha sido claro , ¡cáncer de estómago! , es necesaria la cirugía. Bueno estamos en tus manos divinas Señor, daremos el paso hacia donde tu quieras y cuando tu lo quieras."
Fecha 9 de junio de 1992 - "Cinco médicos hablaban entre ellos , luego se nos acercó uno y dijo: "hemos resuelto no operar" ¡cáncer e inoperable!
Pero tu Señor, realizas otras cirugías que son amor, pues a él me entrego."

El 4 de setiembre de 1992 se produce la muerte de Cacho, se apronta todo para la misa de cuerpo presente en la Parroquia Sagrados Corazones de Jesús (en el barrio las Acacias, próximo al barrio dónde vivía Cacho).
Mientras tanto en el barrio, los clasificadores (vecinos humildes ), acondicionaban el mejor caballo blanco del barrio el que era cepillado, pulido los arneses de bronce y se buscaba el mejor carro.


http://www.periodistadigital.com/imagenes/2017/02/27/sepelio-del-padre-cacho.jpg


En el momento de marchar al cementerio, se acercan los funcionarios de la empresa fúnebre, pero se le adelantan los vecinos para tomar el féretro y subirlo a el hermoso carro acondicionado con flores para llevarlo de paseo por las comunidades en las que Cacho había trabajado. Hombres curtidos y mujeres doloridas todos llorando la partida de este gran hombre, los niños desparramaban los pétalos de las flores donadas por otros vecinos del barrio, el cajón vestido con la bandera uruguaya, daban el último adiós. Los vecinos despedían al unísono con un "Se nos fue un Cacho de Dios"...


Durante mucho tiempo esas palabras resonaban en mi cabeza, con la promesa de algún día reunir una biografía que le diera vida a esa vida ejemplar.
En el año 2012 luego de 10 años de arduo trabajo, nacería la primera biografía de Cacho, su nombre Un Cacho de Dios.
El libro luego de entregarlo en la Nunciatura Apostólica en Montevideo, llegaría al Vaticano para que el Papa Benedicto XVI, le diera Bendición Apostólica, más tarde también lo haría el Papa Francisco.
Este libro sin dudas, luego de una maratón mediática en la prensa uruguaya, impulsó a la Iglesia para reunir todo el material necesario para ingresar la causa de canonización, la que fue aceptada en los primeros días de febrero por el Vaticano.

 


 

PADRE CACHO Siervo de Dios  (Parte II)
Por. Julio César Romero Magliocca

 

REFUNDACIÓN DE LA ESCUELA DON BOSCO

Los Talleres Don Bosco, era un complejo arquitectónico que ocupaba toda una manzana en la zona céntrica de Montevideo. Su primerísima actividad era la Escuela de Artes y Oficios que tenía un alumnaje de 300 pupilos venidos de todo el interior de la república. Allí se enseñaba imprenta, encuadernación, carpintería, mecánica. La enseñanza abarcaba toda la mañana y gran parte de la tarde (en ocasiones hasta la noche). La metodología exigía que los alumnos más avanzados hicieran trabajos para clientes externos. Por esa razón era que en algunas noches había que esforzarse para entregar al día siguiente algún encargo.

En una esquina se erigía el Santuario de María Auxiliadora con su cripta. A continuación estaban las instalaciones de la parroquia.
Los talleres técnicos y los depósitos estaban todos en la planta baja junto con los comedores, la banda de música, los exploradores.
Luego seguían seis pisos donde funcionaban: media planta para la Escuela Primaria, las oficinas de la Inspectoría, arriba estaba el Sanatorio para sacerdotes enfermos o ancianos. Finalmente, en los pisos superiores, los dormitorios de los pupilos, del personal y de los sacerdotes.

En varias reuniones el Padre Fontana y el Padre Cacho delinearon el funcionamiento de la Escuela, eligieron los textos para cada grado, la cantidad de alumnos en cada aula y el perfil más adecuado del maestro de cada grado y por supuesto la aplicación del sistema preventivo.
Le tocó al Padre Cacho convocar y contratar a ex alumnos salesianos con muy buenos antecedentes como maestros. Así figuraron en esta plantilla Sebastián Barreto, Tomás Graña, Ángel Desilante, Oscar Bernardi, Carlos Kuster y Julio Alonso.

Era principios del año 1964, se había cerrado nuestro querido “El Bien Público” con más de cien años de existencia.
Yo quedé vacante y me ofrecí para tomar a los más pequeños a mi cargo, eran los de preparatoria (cuenta Julio Alonso / hermano de Cacho)
La Escuela Don Bosco se llenó, Cacho supo imprimirle un ambiente más familiar y mas humano. Yo la califiqué, como una escuela más cristiana y más de Don Bosco. Para 1968 el Director de la escuela pasó a ser el Padre Francisco Guarino, famoso mártir salesiano, quien fuera asesinado ( 9 de marzo de 1982) , en la dictadura militar.

DESTINO PAYSANDÚ

Después de unos años trabajando en la consolidación de la Escuela de Don Bosco, a Cacho le vino el cambio por una “carta de obediencia” , mediante la cual se destinaba a este al Departamento de Paysandú en cuya capital está asentado el Colegio y Liceo Nuestra Señora del Rosario.
Este es un complejo salesiano que consta de Basílica, escuela, liceo, parroquia, centro de ex alumnos, exploradores, banda, coro y algunas cosas más.
Al padre Cacho le asignaron algunas materias en el liceo, entre otras, Filosofía, un tema que siempre le apasionó. Los alumnos estaban encantados con él porque no los obligaba a dar por cierto lo que decían los libros, sino que los impulsaba a analizar a fondo cada aseveración y crear sus propias conclusiones.
El les decía: “Lo cierto y verdadero no es lo que dijo Aristóteles o Séneca, lo cierto es lo que cada uno de ustedes haga suyo y lo asimile como propio

Fueron para Cacho unos años de feliz realización y descubrir valores en sus jóvenes alumnos, pero Dios quiso que tuviera contacto con otro grupo de jóvenes que lo admiraron, respetaron y asumieron sus enseñanzas. Esto sucedió cuando lo nombraron asesor del Centro de ex alumnos salesianos Policarpo Sandú. El Padre Policarpo Sandú fue un sacerdote misionero muy ejemplar y en honor a él su departamento fue llamado Pay Sandú. Pay en guaraní significa Padre.
Así, en esos días Cacho vivió rodeado de jóvenes, los liceístas durante el día y los ex alumnos por la noche. Los caminos del señor son infinitos, sus designios inexorables. Evidentemente nuestro Padre Dios, le cambió los personajes de su celo apostólico. No más niños, ahora debía velar por los jóvenes que se le confiaban.

 


PADRE CACHO Siervo de Dios  (Parte III)
Por. Julio César Romero Magliocca

ANTECEDENTES DE UNA VOCACIÓN

Para el libro “La vida íntima del Padre Cacho” , Don Julio María Alonso (hermano de Cacho), contaba lo siguiente. Como mi hermano tenía dificultades respiratorias, se pescaba cuanta enfermedad anduviera en boga, yo me sentía un poco protector suyo.
En realidad era al revés, porque él tenía cuatro años y siete meses más que yo. Juntos fuimos en el año 1939 al Colegio de los Padres Mercedarios en la calla Cuñapirú. Al año siguiente nos anotaron en el Colegio Santa María de los Hermanos Maristas. Allí mi madre logró negociar.
Haría todas las costuras que le dieran a cambio de la escolaridad de sus hijos. Así quedó planteado y de vez en cuando nos daban una bolsa con ropa.

Mi madre la remendaba, achicaba o agrandaba según las instrucciones del propietario. Al mediodía se quedaban en el colegio los medios pupilos que tenían un amplio comedor. Nosotros no podíamos comer con ellos porque mi madre no pagaba por este servicio.
Llevábamos una viandita con tortilla, butifarras y alguna fruta.

El cocinero era el hermano Hilario, quien antes de bajar a su comedor nos servía un plato de sopa y en ocasiones nos dejaban un par de frutas para redondear el menú. En este colegio yo hice mi primer y segundo año. Para cuando me tocaba hacer el tercer año, un acontecimiento familiar nos cambió la vida a todos.
Mi hermana María Elvina, casada con Reyno, nos anunció una noche: “Reyno vendió su autobús y compro la mitad de las acciones de una barraca y ferretería en Villa Colón. Ya elegimos la casa en que vamos a vivir a dos cuadras de la barraca y a dos cuadras del famoso Colegio Pío”.

“Sucede que la casa es muy grande y tiene una hectárea de terreno, con gallinas, árboles frutales y mucho terreno para plantar. ¡Les ofrecemos que vengan a vivir con nosotros”.
A mi padre fue al que más le interesó, tenía su iglesia cerquita, colegio para los niños, gallineros y plantaciones para entretenerse.
En marzo de 1943 comenzaron nuestras clases en el Colegio Pío.

 

Fuente : libro “La vida íntima del Padre Cacho” autores Julio María Alonso (hermano de Cacho) y Julio César Romero Magliocca (autor del libro “Un Cacho de Dios”)

 


 

PADRE CACHO Siervo de Dios  (Parte IV)
Por. Julio César Romero Magliocca

ENTREGÁNDOSE A DON BOSCO


Casa de Formación del Manga y Escuela Agrícola Jáckson de los Padres Salesianos
– foto año 1920

 

En diciembre de 1943, ingresa a la casa de formación en Manga como aspirante. Es aspirantado estaba dividido en el grupo de los mayores y el grupo de los chicos. Cada grupo tenía su dormitorio aparte. Cada uno estaba regido por un asistente. En el comedor estábamos todos juntos y el encargado era allí el Padre consejero. Isidro ingresó en el grupo de los mayores, tenía casi 15 años. En 1944 hizo el 1er año de latín y al siguiente, el 2do año. No recuerdo quien era el asistente de este grupo de mayores. Lo que sí recuerdo que de primera les llamó la atención lo mofletudo que era mi hermano y les dio por llamarlo “Cachete”.

Eso fue hasta setiembre de 1944. Por esas fechas ingresé al Manga y como también me vieron mofletudo pasé a ser “Cachete chico”. Esto dio origen de lo que más adelante derivaría en CACHO. En los años de aspirantado, fueron tres para él, hizo una vida feliz como todo estudiante aprovechado. Ninguna materia le resultaba difícil. Fue miembro del coro pero no de la banda, con lo cual no se complicaba la vida. Era como vicioso de los deportes. Se enloquecía con el fútbol, pero si le daban cabida en el voleibol también se metía. El sistema preventivo salesiano implicaba recreos bien movidos. El más movido de todos era el después de la cena. Era lo más acertado del que todos participaban. Luego había 15 minutos de buenas noches y de ahí al dormitorio.

¡Qué sabroso dormir cargando el cansancio de media hora demoledora!
Los asistentes se encargaban de organizar a los muchachos su movida. Un juego que ponía a todos a correr era el de la “bandera” , allí se enfrentan los rojos contra los verdes. Suena un pitazo , salen dos rojos portando un trapo del mismo color que es su bandera y los verdes corren para frenarlos y no dejarlos llegar a la base contraria, donde son capturados y allí se quedan hasta su turno.

El segundo pitazo es para los verdes y salen corriendo dos porteros de su bandera verde hasta que el equipo rojo los captura y allí quedaran petrificados. Se repiten los pitazos y los más hábiles son los que logran entrar en la base contraria.

Pues bien una noche Cacho venía portando la bandera y entró de golpe en la base contraria. Le salió al paso Carlos Pastorino con tal mala suerte que chocaron y quedaron los dos en el suelo desmayados. Los dos dientes superiores incisivos de Cacho quedaron incrustados en la frente de Carlos. Hubo que cargarlos a los dos a la enfermería y allá vino el Dr. Andrés Pastorino a remediar este accidente. Una semana de convalecencia le tocó a Cacho su rehabilitación. Tiempo después suplieron esos dientes por una prótesis.

En casa comentábamos, habiendo más de doce muchachos en este deporte y justo le viene a pasar este accidente al pobrecito Cacho que era tan enfermizo de pequeño y ahora quien sabe cómo quedará. Pero nosotros no somos quien para juzgar los designios divinos. Quizás este sufrimiento fuera un complemento para prepararlo mejor para ser Pastor de tantas almas sufrientes.

Fuente : libro “La vida íntima del Padre Cacho” autores Julio María Alonso (hermano de Cacho) y Julio César Romero Magliocca (autor del libro “Un Cacho de Dios”)

 


 

PADRE CACHO Siervo de Dios  (Parte V)
Por. Julio César Romero Magliocca

PROBANDO SUS CUALIDADES MISIONERAS

 

En su último año de aspirantado el Padre Gini quiso hacer una experiencia, una especie de test para saber si un grupo de aspirantes tenía vocación misionera. Serían salesianos sí, ¿pero saldrían al exterior a convertir paganos o indígenas en otras tierras?

Eligió el Padre Gini para su experiencia a cinco aspirantes de los mayores. Entre ellos le tocò a Cacho ser probado. Se pertrechó el Padre Gini de tres carpas, abrigos y un poco de enlatados y se embarcaron los seis en el vapor de la carrera que hacía Montevideo-Buenos Aires, todas las noches.

Al llegar a la gran capital argentina, buscaron inmediatamente un colegio salesiano y le tocó al Padre Gini explicarle al director del colegio el alcance de su experiencia. Les permitieron acampar y hacer fogata en un campo aledaño, nos e habló nada de la comida pero los muchachos hicieron amistades que les traían de sus casas o sacaban de la despensa del colegio, carne , fideos, pastas, frutas , leche etc.

Total pasaron un mes de exploradores y lograron formular una estrategia para llegar hasta la tierra del fuego. Allí sería un buen lugar. Confraternizarían con los Indios Onas, conocerían su idioma, sus creencias y sus costumbres. Tuvieron suerte, viajaron tres días en ferrocarril, caminaron con su pesada carga por diez kilómetros y llegaron a una toldería.

Fueron recibidos calurosamente por la familia del Cacique y les asignaron una parcela donde fijar sus carpas. Los invitaron a bajar al río para pasear, excursión que quedó pendiente por veinticuatro horas hasta que descansaran. En el río pescaron y allí mismo asaron la mitad de sus presas, reservando otra mitad para la noche en su campamento. Cuando dijeron que querían saludar a la familia de Ceferino Namuncurá (joven salesiano argentino aspirante al sacerdocio, de orígenes mapuche) les asignaron un baqueano que los llevaría, porque ese lugar quedaba a veinticuatro kilómetros al este.

Dos días después iniciaron el viaje cargando con todo lo suyo. Les llevó tres días llegar a una fila de montañas cercanas al mar. Desde una altura del terrono el baqueano les mostró el caserío de los Namuncurá y les dijo : “Bajen con cuidado en dos horas estarán allí. Yo me voy porque no me está permitido entablar conversación con esta tribu”.

Cuando llegaron al caserío, se encontraron con la dificultad del idioma, los hicieron sentarse y dos horas después llegó un mestizo que hablaba español y disfrutó con todo lo que le contaron, luego se retiró para hablar con la familia central y explicarle todo. El Padre Gini le entregó al mestizo una estampita de Ceferino y ese fue el ábrete sésamo de toda conversación.

Los trataron a cuerpo de rey y les dieron toda clase de facilidades.
Pero no todo fue fácil porque al regresar a Buenos Aires tuvieron muchos contratiempos, pasaron hambre y sacaron pasaje urgente para pisar nuevamente la tierra oriental.

Se podría decir que esta experiencia fue una locura que no dejó nada bueno ni positivo. No hay que ser tan severos, ni estrictos si analizamos la vida de Cacho, aprendió muchas cosas que luego fueron el pan de cada día. Supo lo que es pasar hambre, frío, desprecio, engaño y violencia. De aquel grupito no había salido ningún misionero, pero quedaron cinco muchachos aguerridos que supieron anticipadamente lo que deben sufrir los hombres cuando son adultos, rectos y justos.

Fuente : libro “La vida íntima del Padre Cacho” autores Julio María Alonso (hermano de Cacho) y Julio César Romero Magliocca (autor del libro “Un Cacho de Dios”)

 


 

PADRE CACHO Siervo de Dios  (Parte V)
Por. Julio César Romero Magliocca

NOVICIADO PARAISO EN LA TIERRA

En el año 1946 el Padre Cacho recibe la sotana e inicia el noviciado, son varios los pasos previos. Al final del primer período, el aspirante, quien ya ha culminado sus estudios de latín, pasa una carta al Padre Director solicitando ingresar al noviciado. El Padre Director va llamando uno a uno a los solicitantes y les da noticia de cuando será la ceremonia. Ese día vienen los familiares y en la parte final los aspirantes le quitan la chaqueta y un padrino improvisado le pone las mangas de la sotana, los padres y hermanos le van prendiendo los botones superiores y cuando quedan diez o quince botones sin abrochar, les toca a sus compañeros darle la despedida con una abotonada.

Viven un año en una pequeña casita, con su capillita preparándose para hacer los votos trienales de obediencia, pobreza y castidad. En ese año el Director del Noviciado era el padre Pascual Apichela, juntos hacían sus oraciones, sus meditaciones y sus ejercicios. Vivían aislados, hablaban entre ellos pero les estaba prohibido entablar conversaciones con extraños.

Tenían también sus sesiones de penitencia que realmente ni se en que consistían. Pero no les dolería mucho porque siempre los veía con cara de contentos. Visto en retrospectiva, el noviciado me parece como un año sabático, para gozar y nada de trabajo y sufrimiento. Cada novicio tiene carita de yo no fui, de inocencia pura, y a lo mejor es así. Esa vida monástica los purifica al punto de ser alma pura y pura alma, como si se hubieran despojado de la materia.

SIGUIENDO A DON BOSCO EN EL FILOSOFADO Y EL TRIENIO

Filosofado, Adiós al monasterio

El noviciado dura un año. Cacho pasó luego al filosofado, tres años de profundización de la filosofía, la pedagogía y la psicología. Cacho nunca se quejó. Lo preocupaba sí, el incursionar en nuevas materias; le agarró gusto a la filosofía. Más tarde me diría : “Son tres años que uno los puede disfrutar. Somos adultos y se nos da la oportunidad de estudiar como si fuéramos muchachos

Me imagino también que mi hermano reflexionaría, tanto nadar para morir en la orilla. Tanto estudiar para terminar como maestro de los hijos de los ricos, porque ya preveía que lo mandarían a dar clases a un Colegio de niños “bien”.
Al terminar el filosofado, viene el trienio. Son tres años previos al postgrado. Dentro de la congregación salesiana se dice que el trienio es el cementerio de la perseverancia. La perseverancia es el no perder la vocación, el permanecer, no necesariamente es un riesgo cierto. Como toda prueba si el seminarista logra pasarla, su vocación se fortalece.

Al inicio del trienio, Cacho recibió carta de obediencia para ir a la escuela Agraria de la Horqueta. La Horqueta es un pueblito del Departamento de Colonia, y allí los salesianos iniciaron una escuela donde se alternan los estudios de primaria y las disciplinas de campo. Es una necesidad para los pequeños terratenientes de la zona que sus hijos aprendan el manejo de las tareas propias de la ganadería y la agricultura. En este ambiente bucólico, fue conociendo a la gente sencilla del campo, convivió con ellos y aprendió de ellos. Fueron los padres de sus alumnos que le enseñaron a tomar mate, primero le regalaron el termo, la bombilla y el mate. Luego le trajeron la yerba. Supo preparar la cebadura con un poco de agua fría para hinchar la yerba, luego un primer vaso de agua caliente y colocar la bombilla bien centrada.

 

Fuente : libro “La vida íntima del Padre Cacho” autores Julio María Alonso (hermano de Cacho) y Julio César Romero Magliocca (autor del libro “Un Cacho de Dios”)

 

PADRE CACHO Siervo de Dios  (Parte V)
Por. Julio César Romero Magliocca

TEOLOGADO

Aquel año fueron seis los uruguayos que partieron para el teologado de Córdoba. Es como salir de las cumbres borrascosas ( El mundo y sus tentaciones) y anclar el barco en una mansa bahía de aguas tranquilas y acogedoras.

El ambiente teologal logra profundizar más el espíritu de Don Bosco, ver con claridad sus intenciones al dotar a la congregación salesiana de tantos recursos espirituales, de enriquecimiento espiritual, de análisis y meditación para entregarse de lleno a la vida religiosa.
Estos teólogos cumplirán  cabalmente con las normas establecidas para meditación matinal el uso de breviario y las normas litúrgicas a todo nivel.

Estando en Córdoba, Cacho recibió el sub diaconado y el diaconado:

Cuanto estaba dando estos pasos importantes para recibir las órdenes sagradas, le llego la noticia del fallecimiento de nuestro padre Dámaso y debió volar a Montevideo para estar junto con su familia.
Fue provechoso tanto para él , como para todos nosotros que estuviéramos dos semanas juntos para reconfortarnos mutuamente.

De regreso a Córdoba recibió su consagración sacerdotal definitiva junto a sus otros compañeros. En febrero de 1959 celebró su primera misa en la Basílica de María Auxiliadora en Villa Colón (Colegio Pío) y pasó a residir en Talleres Don Bosco hasta tanto recibiera nuevas órdenes.

 

Fuente : libro “La vida íntima del Padre Cacho” autores Julio María Alonso (hermano de Cacho) y Julio César Romero Magliocca (autor del libro “Un Cacho de Dios”)

 

PADRE CACHO Siervo de Dios  (Parte VI)
Por. Julio César Romero Magliocca

REFUNDACIÓN DE LA ESCUELA DON BOSCO

Los Talleres Don Bosco, era un complejo arquitectónico que ocupaba toda una manzana en la zona céntrica de Montevideo. Su primerísima actividad era la Escuela de Artes y Oficios que tenía un alumnaje de 300 pupilos venidos de todo el interior de la república. Allí se enseñaba imprenta, encuadernación, carpintería, mecánica. La enseñanza abarcaba toda la mañana y gran parte de la tarde (en ocasiones hasta la noche).

La metodología exigía que los alumnos más avanzados hicieran trabajos para clientes externos. Por esa razón era que en algunas noches había que esforzarse para entregar al día siguiente algún encargo. En una esquina se erigía el Santuario de María Auxiliadora con su cripta. A continuación estaban las instalaciones de la parroquia.
Los talleres técnicos y los depósitos estaban todos en la planta baja junto con los comedores, la banda de música, los exploradores.

Luego seguían seis pisos donde funcionaban: media planta para la Escuela Primaria, las oficinas de la Inspectoría, arriba estaba el Sanatorio para sacerdotes enfermos o ancianos.
Finalmente, en los pisos superiores, los dormitorios de los pupilos, del personal y de los sacerdotes.

En varias reuniones el Padre Fontana y el Padre Cacho delinearon el funcionamiento de la Escuela, eligieron los textos para cada grado, la cantidad de alumnos en cada aula y el perfil más adecuado del maestro de cada grado y por supuesto la aplicación del sistema preventivo.
Le tocó al Padre Cacho convocar y contratar a ex alumnos salesianos con muy buenos antecedentes como maestros.

Así figuraron en esta plantilla Sebastián Barreto, Tomás Graña, Ángel Delisante, Oscar Bernardi, Carlos Kuster. Contaba también con un trienista.
Era principios del año 1964, se había cerrado nuestro querido “El Bien Público” con más de cien años de existencia. Yo quedé vacante y me ofrecí para tomar a los más pequeños a mi cargo, eran los de Preparatoria (cuenta Julio Alonso , hermano de Cacho).

La Escuela Don Bosco se llenó, Cacho supo imprimirle un ambiente mas familiar y más humano. Yo la califiqué, como una escuela más cristiana y más de Don Bosco.
Para 1968 el Director de la escuela pasó a ser el Padre Francisco Guarino, famoso mártir salesiano , quien fuera asesinado, el 9 de marzo de 1982 , en la dictadura militar.

Cacho escribe una carta a su amigo , al conocer su muerte.

Tu muerte golpeó con dolor profundo en mi ser ; porque te mataron, amigo!
Te mataron con saña, rabiosamente.
Puños asesinos, amaestrados para matar, acabaron con tu generosa entrega, en el Trigal del Maestro. Quisieron ensuciar tu memoria pero no temas, querido hermano, tu imagen luminosa, tu sonrisa límpida, tu mirada llena de luz, permanecerá hasta el reencuentro.
¡La verdad os hará libres!
Nos anuncia el Evangelio pero los discípulos ponemos la confianza en el poder de la tinieblas. ¡Qué triste! En ese seno oscuro se mueve el poder del Malingno.
¡Creo en ti, hermano! ¡Creo en tu sacerdocio!
¡Creo en el Espíritu Santo que por tres veces derramó sobre tu cuerpo el óleo que consagra, que convierte en templo viviente punto de contacto del cielo con la tierra.
Tu anatomía destrozada! Pero llegas íntegro a la cumbre de la victoria como cuando jóvenes juntos escalábamos la montaña nevada.

¡Creo en ti amigo! Lloro por ti, hermano!  ( 9 de marzo de 1982 ) – Cacho.

Fuente : libro “La vida íntima del Padre Cacho” autores Julio María Alonso (hermano de Cacho) y Julio César Romero Magliocca (autor del libro “Un Cacho de Dios”)

  • Carta facilitada por Luis Guarino ( hermano de Francisco)

 

SIERVO DE DIOS (Parte IX)               
por. Julio César Romero

 

DESTINO PAYSANDÚ
Después de unos años trabajando en la consolidación de la escuela de Don Bosco, vino el cambio y quedo el Padre Guarino como Director.El cambio vino por una “carta de obediencia”, mediante la cual se destinaba a Cacho al Departamento de Paysandú en cuya capital está asentado el Colegio y Liceo de Nuestra Señora del Rosario. Este es un complejo salesiano que consta de Basílica , escuela , liceo, parroquia, centro de ex alumnos, exploradores, banda, coro y algunas cosas más.
Al Padre Cacho le asignaron algunas materias en el liceo, entre otras, Filosofía, un tema que siempre le apasionó. Los alumnos estaban encantados con él porque no los obligaba a dar por cierto lo que decían los libros, sino que los impulsaba a analizar a fondo cada aseveración y crear sus propias conclusiones.El decía: “Lo cierto y verdadero no es lo que dijo Aristóteles o Séneca, lo cierto es lo que cada uno de ustedes haga suyo y lo asimile como propio”.
Fueron para Cacho unos años de feliz realización y descubrir valores en sus jóvenes alumnos, pero Dios quiso que tuviera contacto con otro grupo de jóvenes que lo admiraron, respetaron y asumieron sus enseñanzas. Esto sucedió cuando lo nombraron asesor del Centro de ex alumnos salesianos Policarpo Sandú. El Padre Policarpo Sandú fue un sacerdote misionero muy ejemplar y en honor a él su departamento fue llamado Pay Sandú. Pay en guaraní significa Padre.
Así , en esos días Cacho vivió rodeado de jóvenes, los liceístas durante el día y los ex alumnos por la noche. Los caminos del señor son infinitos, sus designios inexorables. Evidentemente nuestro Padre Dios, le cambió los personajes de su celo apostólico. No más niños, ahora debía velar por los jóvenes que se le confiaban.
A LAS ÓRDENES DEL OBISPO
Su trabajo con los jóvenes no pasó desapercibido. Así que el Obispo, Marcelo Mendiharat (desde el exilio), lo nombraba primer Asesor Diocesano de la naciente Pastoral Juvenil de Paysandú. La Diócesis de Salto abarcaba los departamentos de Rivera, Salto, Paysandú y Río Negro. Cacho aceptó la proposición y se lo comunicó al Padre Director de Paysandú. El Director era el Padre Aníbal Rivero, quien lo felicitó y le manifestó lo orgulloso que estaba por ese nombramiento. Acordaron que Cacho mantuviera su dormitorio en el Colegio Nuestra Señora del Rosario y que ya que viajaría por otros departamentos, buscara en las casas salesianas locales un lugar que le sirviera de albergue al trabajar en la localidad.
Cacho fue organizando en cada departamento varios Centros Juveniles. Les enseñó a estudiar los valores y antivalores de su comunidad y a proponer soluciones factibles. Luego, a documentar un plan de trabajo y a organizarse para llevarlo a cabo. Esta dinámica de la Pastoral Juvenil fue muy atractiva para todos y mereció que el Padre Cacho fuese invitado a participar de un Congreso Mundial de Jóvenes que se realizó en Holanda.
Era algo muy ecuménico porque participaban representantes de núcleos juveniles judíos, musulmanes, anglicanos, cristianos etc. A Cacho le emocionó mucho cuando tuvo que dirigir, junto a un rabino y a un obispo anglicano la paraliturgia del día antes de comenzar las deliberaciones.
Cuando regresaron del Congreso, él y los jóvenes que lo acompañaron, elevaron un documento a consideración de Monseñor Marcelo Mendihart. Se trababa de recomendaciones para completar la Pastoral Juvenil a luz de los aportes aprovechados del Congreso Mundial.
Pero no todo es flores y rosas. Dentro de la Congregación Salesiana hubo celos porque el Padre Cacho no había solicitado permiso a sus superiores para trabajar en la Diócesis . En segundo lugar, había que bajarle los humos al curita porque la autoestima se le disparó. Así que se le asignaron responsabilidades en capellanías del departamento de Paysandú, donde pudo cultivar amistades muy sinceras y constructivas.

Pasa a vivir en la Parroquia San Benito donde, de alguna forma era liberado por la Congregación en lo que tenía que ver con las tareas educativas, así podía

 

 

SIERVO DE DIOS (Parte X) por. Julio César Romero

 

COMUNIDAD

Evaluando los cambios que se fueron operando en mi hermano Isidro Ruben Alonso, debo consignar que siempre fue de un carácter dulce y humilde. Prefería estar en un segundo lugar a que lo destacaran. Si lo nombraban como ejemplo se ponía colorado y decía para si mismo: “trágame tierra”. Nada de protagonismos para Cacho. El prefería ser el muchacho enfermizo , callado, humilde, responsable y fiel cumplidor. El cargo que le dio el Obispo Marcelo Mendiharat, lo desplazó un poco de la Congregación. Debía escuchar muchas campanas, muchos criterios, tenía largos momentos de meditación solitaria y pudo comparar el ruidaje de un colegio con trabajos en pequeños equipos. Retrotrayéndose consideró que la Congregación Salesiana, le daba más importancia y ponía como modelos a “elefantes blancos” , en lugar de pequeñas comunidades con muchos salesianos laicos (si se puede) y pocos salesianos consagrados. Esta tesis, de volver a lo simple y sencillo, la expuso en el Congreso Inspectorial Salesiano de 1968. Sólo quedó en actas y nada se hizo al respecto. En el Congreso de 1969 volvió a criticar la organización Inspectorial actual y de mala gana se votó una moción para que hiciera propuestas por escrito. Elevó entonces un nutrido documento en el que alababa la concepción de la pequeña comunidad salesiana, tal cual existía en tiempos del Padre Miguel Rua. También comparaba a la familia salesiana uruguaya de 1968 con la familia nostra allá en los años del Padre Vaula. Explicaba que en casas salesianas con muchas actividades entrecruzadas donde el trabajo era lo principal y la vida religiosa era cosa secundaria, se perdía mucho el espíritu de Don Bosco. Y el reglamento imposible de cumplir. Ya no se madrugaba para hacer la obligada meditación. Nada de meditación. ¡ Trabajo y más trabajo!. No estamos formando seres para un futuro próximo, estamos trabajando para las arcas. ¡No somos una empresa capitalista, somos salesianos de Don Bosco!. Pensemos hermanos que si estamos en la Congregación es para perfeccionarnos y para darnos por entero al prójimo. En un “elefante blanco” , no tenemos tiempo ni lugar para intercambiar con nuestros hermanos, ni para meditar en comunidad. ¡Volvamos a la pequeña comunidad!. No digo que prendamos fuego a los Talleres de Don Bosco. Digo que esa especie de mansión sea nuestro lugar de trabajo y nuestro hogar sea una pequeña casita en las cercanía. Allí será la sede de la pequeña comunidad. Haremos nuestra forma de trabajo y a la nochecita regresamos a nuestro hogar, cocinamos, comemos juntos, leemos, meditamos, intercambiamos experiencias, mateamos. En fin, cultivamos el espíritu fraterno que tanto nos inculcó Don Bosco. Al fin la Inspectoría emitió una resolución por la cual se autorizaba al Padre Alonso a dirigir una experiencia de “Pequeña Comunidad” , bajo las siguientes condiciones: 1 Debía realizarse en una humilde vivienda en la ciudad de Rivera. 2 El jefe del proyecto, podría elegir a otros dos salesianos que lo secundaran en la experiencia. 3 No debía respaldarse mucho , ni poco, en el colegio salesiano de Rivera. Podía pernoctar una semana, luego de lo cual quedarse a dormir era como abandonar el proyecto. El que lo hiciera retornaría a Montevideo. $ Se le entregaría dinero como para alquilar una casita y mantenerse por un mes. Luego de eso subsistirían con el dinero de su trabajo. 5 Llevarían un acta del fiel cumplimiento del reglamento de Don Bosco. Seguían una serie de disposiciones disciplinarias que en nada molestaron a los participantes que venían aupando a Cacho en su posición. Fueron el Padre Antonio Carcabelos y el Padre Eulalio Landa. Yo les dije en aquel entonces: son como los tres monjes rebeldes, ténganme al tanto. (Julio María Alonso Alonso – hermano del Padre Cacho). Con el próximo número de Raíces, ofreceremos como fue esa experiencia de convivencia junto a los pobres en Pueblo Nuevo de Rivera.


 

PADRE CACHO
SIERVO DE DIOS (Parte XI)               por. Julio César Romero Magliocca

LA EXPERIENCIA DE LA PEQUEÑA COMUNIDAD
Se complementaban de lo más bien los tres monjes. Carcabelos era alegre, extrovertido, inventor de bromas, optimista, generoso y creativo. Landa era como un santo escapado del cielo, tierno , alegre, bueno, un tanto pesimista, sumamente integrado a la congregación, le gustaba que lo alegraran con chistes y bromas y aceptaba hasta las más pesadas.
Cacho sentía el peso de la responsabilidad y les dijo: “ nuestra primera responsabilidad es con la experiencia, así que echaremos para adelante, salga lo que salga. Lo primero será el trabajo, lo segundo seremos como misioneros en este barrio de gente humilde. Tercero seguiremos aferrados a Don Bosco y cumpliremos estrictamente su reglamento.”
Ocuparon la casita a los pocos días de llegar a Rivera. Tenían tres dormitorios, una sala amplia, cocina, recibo, porche y un cuarto de hectárea para limpiar y plantar. El primero que consiguió trabajo fue Carcabelos como vendedor de parcelas en el cementerio. Estaba contentísimo porque si dedicaba la mañana a vender era suficiente y en la tarde al trabajo pastoral. Landa se presentó al liceo de Rivera y enseguida lo tomaron cargándolo con varias materias del 3er año. Cacho también pasó a dar clases de Filosofía en el liceo de monjas, sin recargarse demasiado porque había que cumplir con los objetivos de la “Pequeña Comunidad”.
Total los tres trabajaban intensamente en las mañanas. Antes de salir hacían la meditación juntos, desayunaban y cada cual en lo suyo a las 8 de la mañana. A las 11 y 30 procuraban estar todos en la casa, en familia, tomando mate e intercambiando experiencias. Aquí se notaba el ferviente deseo de ayudar. Dos colaborando y uno exponiendo un problema. Esto es una pequeña comunidad y no un campo de concentración (tomado de uno de los informes de Cacho).
Hacían la comida entre los tres siguiendo un plan estructurado cada domingo. Una pequeña siesta hasta las 3 pm. y luego cada cual a recorrer su manzana hasta las 6pm. A esa hora retorno al rancho, trabajaban un poco la tierra, limpiaban, sembraban, etc.
En su recorrido les ofrecieron un galpón vacío y les tocó ir a pedir ayuda a la maderera para armar el altar y algunos bancos. El primer domingo que oficiaron misa, vieron con sorpresa que los vecinos traían sus asientos. Una preocupación menos. Alguien donó e instaló una campana…
Todo esto lo consignaba Cacho en sus informes a la Inspectoría. El Inspector era el padre Héctor Lecuona el cual sentía que esta experiencia que se les escapaba de las manos y mandaba al Padre Carlos Techera a inspeccionar a los tres monjes. Lo cierto es que su experiencia trascendió. Un piquete de soldados vino a molestarlos y encontraron la casa vacía. Cada cual se había refugiado donde había podido. Cuando Cacho terminó sus clases , un día las monjas no lo dejaron ir. Lo instalaron en el cuarto del Obispo y lo alimentaron. Por cierto que estaba en contacto con Landa que lo tenían bien parapetado y con Carcabelos al que le sobraban tumbas donde refugiarse.
Lo cierto es que tiempos borrascosos soplaban en la Inspectoría . El Padre Techera fue portavoz de una mala noticia. La experiencia se corta, cada cual debe volver a su antigua posición. Esto cayó como un balde de agua fría. ¿Cómo decir a los pobres que los abandonaban?.
Hubo que rescatar el mobiliario de la casa, despedirse de los vecinos, abandonar sus trabajos e instalarse en el Colegio Salesiano de Rivera. El Inspector estaría contento, ganó tres manos de obra, aptos para cualquier cargo. Carcabelos no bajó a Montevideo. Se fu directamente a Salto a ponerse a la orden del Obispo. Landa si se presentó a la Inspectoría y le dieron la orden de permanecer en talleres hasta que decidieran su destino. El clamó que nunca había sido tan feliz como en la “Pequeña Comunidad”.
Cacho mientras tanto, se enfrentó al Inspector, le entregó su informe de esos años. Este le dijo que sería perdonado si daba señal de arrepentimiento. Con gusto – respondió – “me arrepiento de mis pecados y de los tuyos. Vuelvo a la Congregación a formular una Pastoral para los pobres.”
-¡Vuelves y obedeces. Los Salesianos estamos para servir a los niños y a los jóvenes.
Queridos amigos lectores , de esa experiencia en la Pequeña Comunidad, ofreceremos el testimonio de José Carcabelos con RAICES de abril 2018.

 

SIERVO DE DIOS (Parte XII)               

por. Julio César Romero Magliocca

TESTIMONIO DE JOSÉ ANTONIO CARCABELOS “Padre TONO”
Último de los sobrevivientes de esa experiencia en Pueblo Nuevo de Rivera, junto a Eulalio Landa e Isidro Alonso – Padre Cacho.
“A Cacho lo fui conociendo a través de lo que es el camino de formación en la congregación Salesiana. Al principio no nos conocimos mucho porque él estaba en una etapa de formación en Argentina (Córdoba). Más tarde, cuando vino a trabajar al Uruguay, entonces ahí lo fui encontrando , no en una forma frecuente, sino esporádicamente. Los pasos más firmes diríamos así, ya fueron charlando un poco sobre nuestros planes y proyectos…”
“…sobre todo lo importante me parecen, fueron unas instancias de revisión general que hacía la congregación en todo el mundo, eso permitió encuentros más seguidos. Ya ahí nos íbamos escuchando y analizando elementos que teníamos en común. Había una inquietud firme entre los dos de que nos sentíamos convocados a una propuesta comunitaria fuera de lo que habíamos vivido, que eran instancias de comunidades educativas formales y que nos parecía que lo presencial en un barrio en aquellos años, estaba con una experiencia de trabajo muy sencilla en la parte primaria de los colegios”.
“Cuando iniciamos la experiencia en Rivera, nosotros no elegimos el lugar, porque nosotros habíamos preparado digamos así con bastante antelación y propusimos un determinado lugar por la preparación que habíamos hecho, por la Diócesis que habíamos elegido, por los Laicos que se suponían que íbamos a ser nosotros, pero la congregación Salesiana analizó y determinó que o era Rivera o era Rivera. El barrio en el cual iniciamos esa experiencia de presencia, allí se llamaba , y se llama “Pueblo Nuevo”.
“…está en Rivera casi en el límite con Livramento, camino al aeropuerto…Nosotros le decíamos “Pueblo Nuevo” y todo, pero es un clásico camino al aeropuerto asfaltado. Las casas que estaban más cercanas al asfalto eran de cemento, y ciertas comodidades y los otros más adentro, más pobres, más carentes. Entre las cosas que nosotros evaluamos, nos parecía que nuestra subsistencia iba a ser lo más embromado…”
“¿Cómo vivir tres hombres de su trabajo? , ¿qué podíamos conseguir o lo que fuere? Y sin embargo eso nunca fue un problema, surgieron cualquier otro tipo de problemas, pero nunca de subsistencia. Nosotros intentamos vivir nuestro testimonio de curas, como vecinos de un barrio, entonces teníamos algo que defendíamos para nosotros, que eran los datos de la oración, los datos de la celebración y lo otro la convivencia con el vecino, ir creando quienes éramos”.
“Cuando se decidió que fuera Rivera cada uno de nosotros tenía un núcleo de gente que estaba enterado de la propuesta y que conocía, además, que estaba dispuesto siempre a acompañar…Cacho cuando estuvo en Paysandú – tenía en Paysandú – Landa tenía en Montevideo y yo tenía en Rivera, entonces Arturo Pereira era conocido mío y de ahí se fue relacionando y conociéndonos a los tres”.
“Arturo era una persona de muy buena formación, de análisis muy certeros entonces para ayudarnos de que no estuviéramos en las nubes o lo que fuere contábamos con su aporte. El cual fue muy valioso, muy complementado por Gladis su señora y su familia, ya que nos iban ayudando a entender y haciéndonos ver como ellos decían” ….esto puede ser peligroso, esto puede ser así, les puede pasar esto otro…”
“Teníamos en Rivera , religiosas, curas, familias que nos iban intercambiando sus propuestas, sus dificultades, como un aparato de apoyo diríamos. Nosotros habíamos solicitado a la congregación para implementar esta experiencia, un mínimo de tres años. Nos faltó digamos así, la salud de uno de nuestros compañeros. El Padre Landa, comenzó a sentir un malestar de carácter psicológico , y no se dejaba ayudar, entonces un elemento que con Cacho teníamos que definir era, la salud de Landa antes que nuestra experiencia”.
“Eso fue muy doloroso para nosotros, porque tuvimos que ir a las mismas personas que nos estaban autorizando medio a regañadientes a plantearles el hecho, a pedir la integración de otro compañero, a permitir seguir , y bueno. Nos dijeron que si faltaba uno, no entraba nadie y lo nuestro debería ser que cada uno volviera a determinados lugares que ellos nos proponían. Es ahí cuando el Padre Landa va para Montevideo, para un intento de hacerse atender que no cristalizó del todo, luego él tiene un accidente de ciclismo y va a tener una pequeña regresión , quedará con cosas difíciles de superar, en fin…”
“Nosotros lo habíamos integrado a nuestro camino de experiencia porque entendíamos que se estaba perdiendo un valor incalculable en esa persona, nadie lo valoraba en lo que había sido a su edad, que visión tenía y que pasos valiosos estaba dando , ¿no?.”
“Cacho estuvo analizando que pasos dar luego de esa experiencia (abortada), porque todavía vivía su mamá en Montevideo, ese fue uno de los elementos que tuvo en cuenta y entonces se integró a Montevideo, por eso nos separamos nosotros, la cercanía a su madre, los últimos años y lo mío en relación a que la Diócesis de Salto para mi era prioritario”
“Luego la experiencia de Cacho en Montevideo, la viví a través del propio Cacho porque luego mantendría un vínculo muy fuerte con Salto y Paysandú, entonces nos veíamos en Salto y me interiorizaba de sus avances. Yo pienso que esa experiencia que estaba haciendo en Montevideo fue siempre lo de él…Se sintió profundamente llamado a un testimonio de presencia en medio de la gente pobre. Con lo de Cacho yo aprendí mucho, que se puede vivir la bondad en la forma que lo vivió él, pero lo de Cacho fue heroico, porque el entregó su vida a gotitas, con un don maravilloso”
Querido lector lo invitamos a seguir esta historia con Raíces de Mayo 2018 , allí tendremos el testimonio del Prof. Pereira, gran colaborador de Cacho en su experiencia en Rivera.


 

SIERVO DE DIOS (Parte XIII)               
por. Julio César Romero Magliocca

Don Arturo Pereira cuenta su experiencia junto a CACHO.
“Eran años difíciles, inmediatamente después del golpe de Estado. Especialmente en lo que se refiere a la persecución de militantes políticos, sociales y religiosos, que estaban más comprometidos con los pobres y generaban una amenaza para los que detentaban el poder ilegítimamente. En el interior esta situación era acompañada de la discriminación social por miedo y/o complicidad. En comunidades pequeñas donde existe mayor visibilidad, como es el caso de Rivera , era aun más riesgoso jugarse por el prójimo”.
“En este entorno conocimos al Padre “Cacho” en el año 1974. Se trató de un encuentro casual, en una tarde de otoño, en un barrio sub. Urbano al sur de la Ciudad de Rivera. El Padre Cacho, conjuntamente con los sacerdotes Salesianos, Eulalio Landa y José Carcabelos, estaban más excluidos. Esto implicaba ir a vivir en un barrio con muchas carencias materiales, sociales y espirituales. La idea central era encontrar un lugar entre los pobres con quienes compartir la vida. Vivir con y como los pobres, vivir y como Cristo.”
“ Inicialmente alquilaron una casilla de madera ubicada en el barrio “Pueblo Nuevo” , comunidad con escaso nivel de pertenencia por parte de la población allí asentada y que consecuentemente presentaba dificultades en lo que refiere a la participación , organización y compromiso con las actividades que allí se promovían. A pesar de estas condiciones adversas y las dificultades que imponía el entorno político social, ellos fueron sembrando relaciones profundas con la comunidad y especialmente con algunos vecinos, los que algunos recuerdan aún, como referentes para su compromiso con los demás.”
“Esta pequeña y verdadera comunidad Cristiana, puso de manifiesto las diferencias vocacionales de los tres Sacerdotes a saber : Eulalio , de fácil relación con las personas con quién se encontraba, se inclinó claramente hacia lo Espiritual; José puso en evidencia su vocación docente en diversas comunidades religiosas como por ejemplo el Colegio Teresiano de Santana do Livramento (Brasil) ; Cacho , en cambio, demostró una gran sensibilidad y capacidad de escucha ubicándose más próximo a las personas y su problemática cotidiana con un fuerte contenido social.”
“Igualmente siguió, convocando, integrando y comprometiendo a un grupo de jóvenes riverenses con el trabajo social, los que se reunían en el patio de la casilla. Muchos de estos jóvenes se transformaron en líderes en las organizaciones sociales, y algunos trabajaron posteriormente con Cacho en Plácido Ellauri en Montevideo, más específicamente en la Organización San Vicente. Este trabajo con jóvenes se llevó adelante al margen de la Pastoral Juvenil de la Parroquia San Pedro de los padres Salesianos. Esto pudo haber sido alguno de los factores que generaron el alejamiento de los tres sacerdotes de la pequeña Comunidad Sacerdotal y de la ciudad de Rivera”.
“El fue a vivir y testimonió como un vecino más, la vida de los pobres y la presencia de Cristo Hombre entre los más humildes”.
“Desde su condición de hombre, vecino , no ostentó ni ocultó su identidad de sacerdote, se integró y esperó, que la comunidad lo llamara a ejercer su vocación sacerdotal. Encontró a Cristo en el permanente enfrentamiento y ¿por qué no? , conflicto …entre su formación y la realidad que lo golpeaba. Por esto reiteramos que el Padre Cacho no tenía “un plan” , para los pobres. El se jugó, esperando y estimulando el desarrollo de un proceso abierto y en construcción permanente de la conciencia crítica. Esta búsqueda implicaba que en comunidad se aprendiera y conociera la realidad para juntos transformarla a la luz del evangelio,”
Querido lector , lo invitamos a seguir este relato de uno de los más importantes colaboradores del Padre Cacho en su etapa de Rivera…con RAICES de junio 2018.

 


 

 SIERVO DE DIOS (Parte XIII)               
por. Julio César Romero Magliocca

Don Arturo Pereira cuenta su experiencia junto a CACHO (Parte II)
EL MÉTODO DE PAULO FREIRE EN EL TRABAJO DEL PADRE CACHO
“En las muchas y largas ocasiones en las que el Padre Cacho fue huésped de nuestro hogar, no fue poco el tiempo dedicado a la necesidad de conocer la cultura de los pobres para desde ese aprendizaje, elaborar una propuesta de trabajo pedagógico. De ese modo es que intercambiamos experiencias, conocimiento y lecturas que culminaron en una invitación formal del Padre Cacho, para que nosotros fuéramos mensualmente a Montevideo para reunirnos con vecinos y con gran parte del equipo que lo asesoraba en otras áreas : veterinarios, médicos, arquitectos, estudiantes universitarios, asistentes sociales etc”.
“El eje transversal era la educación como herramienta básica de la formación de la conciencia crítica en el cotidiano de los vecinos. Es decir en la construcción de las viviendas, en la policlínica veterinaria, en la policlínica médica, en los comedores y ollas populares, talleres, etc. Este proceso era posible si generábamos un clima de reflexión crítica, sobre las prácticas cotidianas de todos los actores sociales y las entendíamos como un todo y no como actividades aisladas. Al tiempo que compartiendo esa reflexión con un número creciente de vecinos aumentando la participación y compromiso de los sujetos de la acción, es decir los vecinos”.
LA IGLESIA PARA CACHO
Para Cacho la Iglesia es el pueblo de Dios, sobre todo los más excluidos , explotados y perseguidos. Esa Iglesia no abandonó la obra de Cacho. La Iglesia-institución , es decir , la otra Iglesia, tiene muchas dificultades en acercarse y comprender a los más pobres, aún cuando no los ha abandonado totalmente. Hay experiencias positivas a la luz del testimonio de Cacho. Como cristianos estamos seguros, que todos aquellos que tuvimos la oportunidad de convivir con Cacho y hacer parte de su experiencia, desde los más diversos lugares aportamos para que la Iglesia-institución se acerque a la Iglesia que construía Cacho”.
CACHO PARA NOSOTROS FUE :
“Se trató de un hombre de mucha Fe, de una sencillez que lo hacía transparente ante la mirada de quién quiera que fuera, un optimista, amante de los jóvenes y profundamente comprometido con su pueblo. En Cacho el sentimiento de miedo nunca estuvo presente por mas difíciles que fueran las circunstancias que debiera atravesar. Cacho te desafiaba permanentemente a que te comprometieras con el otro, no con palabras sino enfrentándote a la situación que el otro vivía. Desde su aparente fragilidad, evidenciaba una fortaleza contagiante.
(Con Raíces del mes de julio , estaremos ofreciendo el testimonio de Claudio Machado (Asistente Social) que trabajara con Cacho en esa experiencia de Rivera y luego continuara en Aparicio Saravia (Montevideo).

Querido lector , lo invitamos a seguir este relato de uno de los más importantes colaboradores del Padre Cacho en su etapa de Rivera…con RAICES de junio 2018.


PADRE CACHO – Siervo de Dios (Parte XIV).
Por. Julio César Romero Magliocca

 

Testimonio de Claudio Machado

Asistente Social que se integra a la primera experiencia de Cacho en Rivera “Pueblo Nuevo”, en el año 1976. Luego lo acompañaría desde el año 1982 en las comunidades de Aparicio Saravia, permaneciendo algún tiempo más , luego de su muerte.

“A Cacho lo conozco en el año 1976 por intermedio de mi primo Nelson de Assis, el que me invitó a participar de un grupo juvenil en la parroquia salesiana de Rivera, dirigido por el Padre Cacho quién me recibió con mucha amabilidad. Desde ese primer encuentro se fue construyendo una fuerte y franca amistad hasta su fallecimiento. Mi labor era como integrante del grupo juvenil salesiano, el cual me brindó un espacio de crecimiento personal integral muy significativo, y además porque en el corto plazo me motivó al compromiso cristiano junto a otros compañeros, realizando acciones de solidaridad social en la comunidad.

Me tocó compartir con él en la casilla en “Pueblo Nuevo” de Rivera , fue una experiencia muy corta, cargada de mucha emotividad, donde fui entendiendo el verdadero compromiso de un cristiano con el hermano sufriente y desposeído. El principal hecho vivido en la casita fue el día que lo llevaron detenido, estábamos preparando la reunión que íbamos a tener con el grupo juvenil, luego de haber llegado de la ciudad de Artigas, donde vivimos una frustrante y dolorosa experiencia ya que habíamos estado detenidos y echados de la ciudad como si fuéramos delincuentes y lo único que pretendíamos hacer era realizar una jornada juvenil con jóvenes de ambas ciudades para profundizar en la Fe. Estábamos reunidos para preparar el temario de la reunión ya que había que analizar y elaborar con el grupo lo sucedido para no caer en el desánimo y en la desesperanza. Fue el último día de Cacho en la casita y en Rivera.

“Cuando tuvo que abandonar ese proyecto de experiencia en el barrio, lo vivió con mucha tristeza y dolor, especialmente porque ya que esta experiencia de inserción comunitaria estaba en fuerte crecimiento, generándose una vivencia de Fe muy significativa, la que se fortalecía en el protagonismo de los vecinos desde lo cotidiano, integrados a una nueva visión y opción de la de la iglesia orientada a la construcción de una sociedad fraterna, justa y libre.
Su otra gran preocupación era el grupo de jóvenes al cual yo pertenecía, ya que no había quién se hiciera responsable de su acompañamiento y porque además el grupo en su rebeldía y dolor no estaba, en esa situación, aceptar un sucesor del Padre Cacho.

El día en el que el Padre Cacho se fue “echado” de Rivera, por el jefe de policía de la época y sin el debido apoyo de la iglesia , los jóvenes fuimos quienes los acompañamos a tomar a medianoche el ómnibus de Turil que lo trasladaría a Montevideo, en la parada del cementerio , vaya la paradoja, abrazados en un llanto continuo, sin entender y sin consuelo por lo que estaba sucediendo. Fue uno de los días más tristes de mi vida.

Estábamos en plena dictadura, cualquier actividad que nucleaba personas y en especial jóvenes, era de desconfiar, de inmediato se activaban los mecanismos de control y cuestionamiento por parte de la policía. Éramos un grupo muy grande, que gracias al compromiso de Cacho y su asesoramiento crecíamos en la Fe y por ende en el compromiso ciudadano con la justicia, solidaridad y verdad sobre la realidad de nuestro país.

Las causas que determinaron el final de la experiencia fueron 3, a mi entender fundamentalmente:

  1. La experiencia que se desarrollaba junto a otros sacerdote P. Landa y P. José Carcabelos desde la casita, que se transformaba en una creciente comunidad de base y en una referencia de una nueva Iglesia que se “embarraba los pies” junto a sus hermanos. Esto no era aceptado por los dictadores de turno y por parte de la Iglesia entre ellos su propia congregación que no quería que se fueran a vivir al barrio, sino que la actividad fuera desarrollada desde la parroquia
  2. La actividad con los jóvenes formándolos integralmente para que fueran como deseaba Don Bosco, para sus muchachos “los hijos del pueblo” buenos cristianos y honrados ciudadanos. Estábamos en continuo control por parte de las autoridades, siendo inclusive agredidos por “desconocidos” , porque muchas de las veces no daban la cara.

 

  1. Porque había que sacarlo del medio, su compromiso personal, era un testimonio convincente que la genge creía, por ser honesto, decente y radical en sus principios cristianos. No imponía, pero sus reflexiones preocupaban al opresor, al soberbio y al injusto y llevaba a todos a ser comprometidos, a ser continuadores de Jesús, el que libera , que ama y está presente en la justicia, en la verdad y en la fraternidad entre los hombres.

 

“Cacho era una persona extraordinaria, con una personalidad muy rica en espiritualidad, en conocimientos y en su compromiso sin claudicaciones con los más desposeídos y marginados de nuestra sociedad. Su lucha era por la dignidad del hombre en cualquier parte del mundo. Que las voces de los hermanos olvidados , discriminados y vulnerados en sus derechos despertara en una nueva sociedad sin excluidos, más fraterna y a escala humana.

Su aspecto físico aparentaba fragilidad. Su timidez aparentaba ser muy débil y de fácil convencimiento. Era muy humilde y respetuoso de la opinión del otro y era desde una posición pacífica, comprometido con las grandes causas de quien eligió ser sacerdote para entregar su vida hasta su último aliento.
Él estaba siempre donde el vecino sufriente lo necesitaba. Si alguien iba preso injustamente allí estaba El, “mientras no larguen a este vecino, yo no me voy” le decía al oficial de turno. Siempre sin buscar elogios, ni reconocimientos , gastaba su vida con acciones concretas, la reflexión y la acción iban de la mano.

 

Queridos amigos , los invito a seguir con la historia del PADRE CACHO con Raíces de Agosto.

 


 

 PADRE CACHO – SIERVO DE DIOS (Parte XV)  por. Julio César Romero Magliocca

NUEVAS ÓRDENES DEL CIELO

Estuvo en casa un par de días hasta que decidió hablar con el Arzobispo , Monseñor Parteli. Este lo recibió alegremente.

  • No te aflijas. Tú estás en lo que estás y eso no te lo quita nadie
  • Le dijo – y añadió
  • Bastante te han humillado. No te preocupes. Yo hablaré con ti Inspector. Es cierto, los salesianos no tienen programas para pobres, pero la diócesis sí los tiene. Te quedarás conmigo. No vuelvas a la Inspectoría. Yo me encargo de todo.
  • Mirá Alonsito, vete a casa de tu hermano, descansa y espera allí mi llamada. Hay un puesto para ti en el rebaño del Señor.

Qué contento llegó Cacho esa tarde. Y qué cambiado, qué optimista.

  • Bendito sea Dios, seré pastor de las ovejas que más me gustan.

Dos días después fue a ver a Monseñor Parteli respondiendo a su llamado, él le informó que sería el “responsable de la Pastoral de Emergencia”. ¿Qué significaba esto?  : Que debería catequizar a los habitantes del barrio “Cantegril I” , más conocido como Barrio Aparicio Saravia. El barrio tenía su entrada por el Camino Castro. Era su parte angosta, y el largo era Aparicio Saravia. Un total de más de siete hectáreas en los suburbios de Montevideo.

Monseñor Parteli le había recomendado: Territorialmente es zona de la Parroquia de Possolo. “Si tu te instalas en la Parroquia esperando que tus feligreses vayan a ti seguimos trancados. Búscate una casita frente al barrio, la compramos y allí te instalas”.
Al otro día fuimos los dos y recorrimos la calle de entrada. En la acera de enfrente había un negocio y varias casitas. Una toda verde , nos llamó la atención porque tenía un nicho con una virgen. Timbramos y entramos. Nos presentamos y explicamos que queríamos comprar una casita. La señora, ya sesentona nos dijo:

  • Yo soy catequista hasta el momento y le rindo informes al Párroco Bazzano.
  • Soy oriunda de la Ciudad de Nueva Helvecia (Colonia) y necesito volver a la casa paterna. Así que puse la casita en venta y si Monseñor está dispuesto a comprarla se la rebajo a 10 millones.

Era una ganga. Dijo que esperaba una semana y que le dieran la mitad por adelantado y el resto como pudieran. Esa tarde el Obispo supo todos los destalles y mandó expedir el cheque por la mitad. Volvimos a casa y Cacho se lamentó que estábamos en la entrada y no entramos en el “Cantegril”. Al día siguiente fue solo, no traía medallitas pero si muchos caramelos. Los niños vienen y detrás de los padres.
Cuenta que invocó al buen pastor y entró con paso firme en busca de sus ovejas. Preguntó a unos niños si había algún rancho desocupado y le dio caramelos. Lo llevaron con una señora que cura, “curandera del barrio”. Cacho bromeó con ella que él también era curandero y pronto en el barrio , supieron que andaba buscando casa. Con buen criterio le aconsejaban: cerca pero no aquí. Aquí no va a aguantar. Y Cacho contestó:

  • “Aquí será como en la gloria. Yo vine en busca de mis hermanos los pobres”.
  • Nosotros no somos pobres, somos marginales.
  • “No digan eso, ustedes son hijos predilectos de Dios, son pobres, con la pobreza de Cristo”.

 

Hablando con unos y otros llegaron unos jóvenes y le dijeron: Padre, el Pastor quiere que vaya enseguida a verlo. Allá fue y hubo intercambio de información.

  • Soy pastor, menonita.
  • Soy el Padre Cacho, sacerdote ecuménico.
  • ¡Qué bien Padre, me dicen los muchachos que viene a instalarse en el barrio!
  • Eso espero. Mis superiores quieren que adquiera un rancho y aquí me instalé.
  • Yo acabo de vender mi bienhechuría a esta gente y dentro de dos días me voy. Me mandan a Brasil y estoy atrasado. Quiero, mañana que tenemos reunión, que usted venga y le traspaso al grupo juvenil que vengo formando desde hace dos años, y prosiguió..
  • A usted lo ha mandado Dios, porque estos jóvenes están entusiasmados con su formación cristiana y se iban a quedar sin Pastor.

 


 

PADRE CACHO – SIERVO DE DIOS (Parte XVI)  por. Julio César Romero Magliocca

LOS COMIENZOS EN EL PARAISO DE LOS POBRES
APARICIO SARAVIA – Epicentro de la pobreza montevideana

Crónicas antiguas pueden asegurar que los primeros pobladores de estas tierras fueron inmigrantes de origen europeo , y en su gran mayoría italianos.
Doña Clota, una de las primeras pobladoras de esta zona recuerda:
“La única calle asfaltada era Aparicio Saravia. Enrique Castro era un camino de piedra tosca. Guarapirú no existía, era cortada; Timbúes tampoco, era campo nomás . Después se fueron haciendo sendas con los carros. Con los años, el Municipio fue haciendo los mapas, tranzando las calles…”
Todos esos terrenos por el año 1900 se fueron fraccionando en solares más pequeños como resultado de herencias familiares o ventas que se hacían con distintos fines. Por diversas razones, muchos de los solares quedan en situación de baldíos, mientras que otros a instancias de sus moradores construyen viviendas. Debemos situarnos en los años 50 o 60 , que es cuando de alguna manera esos conjuntos de viviendas precarias, construidas con puntales, retazos de chapas provenientes en muchos casos de restos de tanques, nylon y cartón, se los comienzan a denominar “cantegriles” , una forma irónica de llamarlos, como deformación del nombre del lujoso “Cantegril Country Club” de Punta del Este.

Por aquella época Montevideo comienza a sentirse poblado en varios de los terrenos baldíos por el típico “ranchito” , vivienda precaria que posibilitaba al ciudadano que llegaba del campo en la mayoría de los casos, a levantar su vivienda transitoria a expensas de un posible desalojo por estar ocupando terrenos que si bien eran baldíos, tenían un dueño o estaban en situación de remate judicial, mientras tanto allí vivían y desarrollaban su vida familiar.
Múltiples razones son las que llevaban a mucha gente del interior del país llegar hasta la gran ciudad, una de ellas fue el estancamiento del agro, y el siguiente despido masivo de peones, otro sería las complicaciones de tantas familias que vivían en distintos lugares de Montevideo que al no poder pagar un alquiler se veían arrastrados a estos modelos de viviendas precarias.

El Campesino que llegaba a estos lugares tenía la habitualidad de manejarse con el caballo y el carro, prontamente veían solucionado su problema económico diario, al salir hacer la recolección de aquellos valores en chapa, cartón, vidrio, papel que luego llevarían a los grandes depósitos en donde acopiaban todo el producido de este agente ecológico, que luego haría llegar a la industria para procesarlo nuevamente.

Recuerda un vecino: “Éramos un barrio pobre, todas las familias muy humildes, viviendo en ranchitos fabricados con chapa, y el trabajo para ganarse el pan era con un carrito tanto de mano como de caballo.”
Claro está decirlo, este trasiego sacrificado del “clasificador” , luego de caminatas en su gran mayoría, ya que no todos tenían carro y caballo, les devolvía en pesos flacos al momento de verse las caras con el dueño del local que pagaría por el producto de su trabajo. Por otro lado el pobre que dependía de la suerte en lo que encontrara, si antes no se lo había llevado otro compañero que pasaba más temprano, tenía que luchar con el estado del tiempo ya que el día de lluvia era el terror para su trabajo, ya no se podía salir a recolectar y luego clasificar, la lluvia era su enemiga.

 


 

PADRE CACHO
Siervo de Dios. ( Parte XVII). Por Julio César Romero Magliocca

CACHO TOMA EL REBAÑO

Al día siguiente el pastor menonita les presentó uno por uno a todos muchachos y a cada una de la muchachas. En total 17 y comenzaron una paraliturgia dirigida por el pastor. Era su despedida y la entrega de su grey. Un momento emocionante. Cuando le tocó hablar a Cacho les dijo que la imagen del pastor les debía quedar firme en su memoria porque él les enseñó lo que era realmente Cristo y les enseñó a amarlo. Cacho venía preparado y le regaló al pastor, en nombre de todo el grupo , un crucifijo para llevarlo colgado al cuello. Era de madera rústica parar recordar a un Cristo pobre que le prestó el rebaño que hoy le tocaba traspasar al pastor católico. También le obsequió un librito de Tomás Kempis y le dijo:

“Este librito es una joyita. Cuando sientas desánimo, te sientas dolorido o relegado, abre el librito y lee la página que te haya tocado en suerte, sentirás la fraternal voz de Cristo refonfortándote”.

Esta despedida se hizo en un cobertizo que era de un vecino. Allí guardaba todas las noches su carro y ponía a dormir su caballo.
En los costados – le dijo el vecino – verá muchos cajones de madera y de plástico. Los muchachos lo usan para sentarse. También tiene una mesa y una silla para usted. Mucho me gustaría que Ud. Padre , nos diera misa los domingos. Cacho le respondió:

“Gracias, muchas gracias. A Ud. y a su caballo, esperemos no perturbar. Los sábados a las 3 pm será la misa compartida con los jóvenes”.

No hubo que hacer mucha propaganda eucarística para estas celebraciones.
El sábado vinieron los jóvenes, algunos traían instrumentos musicales, todos e mostraban alegres y participativos. Les encantó las oraciones previas a la lectura y cuando llegó la parte del “yo pecador” ahí fueron tomando la palabra uno a uno y confesaban sus pecados, algunos lloraban, otros pedían perdón a Dios y a sus amigos.

Cuando hubo que cantar el “Kyrie” y el “Gloria” , entonaron cantos improvisados muy interpretativos de la liturgia. Cuando se hicieron las lecturas todo fue más dinámico pero en la homilía, cada uno tenía algo que decir al respecto. Total una misa que debía durar no más de una hora y media, se prolongó hasta las ocho de la noche. ¡ Qué felices estaban todos!

De  allí lo llevaron a casa del carpintero, el buen hombre lo contó al reverendo que hacía unos meses había enviudado y era urgente que se trasladara a la ciudad de Colonia. Allí estaban sus padres ancianos, dos hermanas y una amplia casa donde podían recuperar la familia.

-Mi vivienda la construí con buen material. Tiene buenas comodidades, buenos muebles y una cerca para aprovechar el terreno frontal y el huerto. Todo lo traspaso y me gustaría que usted se instalara aquí.

Así quedó concertado y por la suma de 6 millones se hizo el traspaso y su ocupación para dentro de 15 días. En ese lapso, Cacho fue estableciendo la estrategia primaria para el crecimiento y mejoramiento total de su nueva comunidad.

 


 

PADRE CACHO – Siervo de Dios (Parte XVIII)
PLANIFICACIÓN-CRECIMIENTO-LIBERACIÓN


La creatividad de CACHO trabajaba en esos días a millón y su inspiración divina a requeté millón. Así me decía mi hermano en algunas sesiones con mate en que dialogamos:
“El Padre nos exige, nos da misiones a cumplir, pero también nos de las herramientas necesarias. No solo, nos dicta sus inspiraciones. Hay que estar atentos a la voz de Dios”
Él veía claro que su misión no era alimentar a cinco mil bocas. Era enseñarles a buscar su sustento, a organizarse para progresar todos juntos, a crear servicios comunitarios para beneficiar a todo el barrio, a tener conciencia de su propio valor y hacerse valer. De lograr la auto liberación y no vivir en la marginalidad a que la sociedad los relegaba. Aún antes de instalarse en su nuevo domicilio , había logrado realizar una primera reunión de vecinos y allí se formalizó previamente una Comisión Directiva. Querían que CACHO la presidiera.

  • “¡No, no! Si todavía no puse los dos pies adentro. Ustedes son los veteranos, ustedes son los que conocen los problemas. Trabajaremos juntos para resolverlos”.

Y así nació el lema de Aparicio Saravia : “Si queremos podemos”
Se señaló la prioridad de limpieza, higiene en las caminerías. Así se les ocurrió hacer un depósito abierto, donde cada familia arrojaría su basura. Ir cubriendo los senderos con cemento. Dedicar un sábado al mes para diversos trabajos comunitarios. La casita de CACHO era un punto obligado de quienes buscaban consejos para solucionar problemas. Él no se daba abasto para visitar enfermos, sacar presos de la comisaría y tramitar permisos en la Intendencia.
Se corrió la voz entre los universitarios del “cura con alpargatas” y vinieron los estudiantes de medicina y montaron un consultorio, los de veterinaria igual, los sociólogos se ofrecieron para hacer un censo. Participó de un programa televisivo “Testimonios” , donde enfocó su convivencia en el barrio como un privilegio, no como una heroicidad. No aprovechó para pedir ayuda económica sino solidaridad moral.
-¡No me lleven presos a mis muchachos , porque no tienen trabajo! ¡No traten a mis muchachas como prostitutas!.
Esta audición conmovió a medio Uruguay. Movió la voluntad de algunos y ganó corazones dispuestos a amar a los pobres de solemnidad. Poco a poco los vecinos se fueron organizando con el apoyo de los voluntarios . Se formó la cooperativa de bloques , otra cooperativa de hierro, se pidió ayuda al gremio de la construcción el cual fabricó un gran horno a leña para la cooperativa del pan. El pueblo de Dios marchaba con pasos firmes hacia su propia liberación.

 


 

PADRE CACHO
Siervo de Dios (Parte XIX)  por. Julio César Romero Magliocca

UN ÁNGEL CON UN ALA ROTA

En los dos primeros años de asentamiento, Cacho recibió en su casa todo tipo de huéspedes. Aún recuerdo uno de los primeros, el Padre José, un salesiano joven que marchaba a todos lados en su bicicleta.

  • ¡Vengo a ayudarte, le dijo a su colega!

Le siguieron otros salesianos jóvenes. Cacho les permitía quedarse uno o dos semanas, no más. Estaba como latente si el formaría otra congregación. Cacho no quería esa responsabilidad, con sus pobres tenía bastante. Además – me decía – “no he recibido luces al respecto y yo me siento siempre hijo de Don Bosco. “No soy más que un salesiano en alpargatas”.

Uno de los huéspedes más ilustres que tuvo fue el Padre Spadaccino, el era Párroco en barrio Peñarol, en el tiempo asignado para su retiro espiritual, lo hizo en la casita del Padre Cacho. Decía Spadaccino: “el retiro es para estar cerca de Dios nuestro Señor y la figura de los pobres es lo más representativo de la divinidad”.

Para aquellos días se presentó en la casa una señora vestida humildemente pero se le notaba la alcurnia: “Padre, permítame ayudarlo para lavar mi pecado”.

-¿Cuál es tu pecado? Hija
-Es que tengo el camello muy grande y la aguja muy chica.
-Lo que cuenta no es la cuenta, sino el espíritu de pobreza. Si eres solidaria con Cristo y con los pobres, no hay camello que te cierre las puertas del paraíso.
-Quiero ser solidaria.
-Entonces ama con el corazón y no con el bolsillo. No vengas con un camión de víveres a repartir, ven con un consejo, una medicina, una visita amable, una atención al enfermo, reponer una lámina, llevar a un niño al hospital. Verás que tu solidaridad te proveerá de alegría y felicidad.

Así comenzó Elisa Bordaberry su trabajo en el barrio Aparicio Saravia, junto a Cacho. Comenzaron a entrar las ambulancias a recoger enfermos, comenzó a funcionar la panadería. Elisa hizo reuniones con las mujeres y las incitó a ser emprendedoras, a fabricar, a vender.
De allí surgió la cooperativa de las empanadas y de nuevo los albañiles construyeron un pequeño horno para ellas.

Con esa inyección de ideas y trabajos con la colaboración del municipio y los del Banco Hipotecario se fueron consolidando muchos proyectos, por ejemplo, se logro introducir el agua corriente bien adentro del barrio con cuatro tomas de uso público. Aprovechando de eso se construyó un lavadero múltiple. Tenía cuatro piletas para lavar ropa, cuatro duchas con agua fría y caliente para hombres y para damas. Lo que más conmovió al barrio fue una ayuda fuerte de CEBEMO (Holanda) , para construir un Centro Comunitario que en tres meses quedó pronto con las comodidades que explicitaron los vecinos en reuniones abiertas.
Allí comenzó su función un merendero por las tardes, junto con estudios vigilados a cargo de tres maestras voluntarias. Mientras el Padre Cacho iba lento pero seguro, el ángel de Elisa lo impulsaba impacientemente. Madrugaba, corría de un lado a otro, atendía a varias familias a la vez y Cacho la llamaba a la calma diciéndole:

  • “¡Tranquila Elisa! , que de tu camello no quedan ni los huesos, te has liberado con el Amor y la Solidaridad”.

 

LA INSTRANSIGENCIA DEL PASTOR DILIGENTE

Durante su gestión en dos ocasiones debió concurrir a Congresos Internacionales donde se analizaba la problemática de los desplazados de las grandes urbes y las posibles soluciones. Por ejemplo los delegados de Brasil exponían sobre las “favelas” , los de Venezuela sobre los “cerros”, los de Argentina sobre las “villas” y nuestro Cacho hablaba con propiedad sobre los “cantegriles”. En cada uno de estos eventos el curita uruguayo protestaba indignado sobre el epíteto utilizado “marginales”.

“No los tachen de eso, no son marginales aunque la sociedad los haya marginado…”

Sabiendo de esta indignación del Pastor de los pobres, en la Intendencia de Montevideo se decía de ellos clasificadores o recolectores hasta que al fin Cacho acuñó una denominación que hasta el día de hoy perdura: “los carenciados”, son los vecinos que sufren carencias.

Pero la la intransigencia la demostró el dinámico curita cuando llegó al barrio una notificación de desalojo masivo. Las siete hectáreas deben quedar desalojadas en 15 días. Luego de eso una topadora se encargará de limpiar el terreno. El Padre Cacho fue inmediatamente a encarar al Juez. Este, pacientemente le explicó: “ese terreno en su totalidad pertenece al Banco Mercantil. La Junta liquidadora del Banco Central, debe rematarlo en dos meses, entero sin parcelar. Con mis limitadas potestades puedo darles 30 días de plazo, no más y así se hará.

De vuelta al barrio se mostró alegre. Hoy ganamos 15 días extras y el padre que está en el cielo, nos ayudará para ganar 15 años. Ya pasaron 40 y ahí están. En la Junta liquidadora le explicaron que no podían suspender el remate, que los tanteos previos mostraban un solo interesado en adquirir las 7 hectáreas y el cual había presentado un escrito ofertando 140 milones con todas las garantías previas.

Usted puede ganar esa puja si ofrece un poco más y firma un escrito valedero. Cacho, nuestro Cacho, sacó coraje y muy campante ofreció 142 millones y firmó ya. Todos saltaron de alegría y le dijeron vuelva mañana para firmar el compromiso y la forma de pago.

Al día siguiente presentaron un extenso documento describiendo la experiencia social de autogestión que se venía realizando en el barrio, el carácter social de la urbanización, la repercusión a nivel nacional, etc. , mientras que la otra oferta era una fórmula más de capitalismo urbanístico. Había que agregar las condiciones y el reverendo consignó que se pagaría la totalidad en 12 meses a partir de la fecha del remate. Por supuesto no hubo remate y en el barrio hicieron tremenda fiesta a la que asistió hasta el Juez que se salvó de ser verdugo. A mí me avisaron pero no quise ir. Me parecía una locura. ¿De dónde saldría esa millonada si mi hermano pasaba casi todo el tiempo con hambre? Él venía los lunes a casa a reflexionar, planificar y comer bien un día a la semana. Decía que los demás días con el mate le alcanzaba. Apenas llegó a casa lo convide con cigarros.

-No, no! …rechazó asqueado
-Tendrás que acostumbrarte porque en la cárcel es lo único que entretiene y allí vas a parar por firmar lo que nunca vas a cumplir.

-No te pongas nervioso. Los caminos del señor son infinitos, siempre ocurre lo inesperado. Y ocurrió.

Ese jueves Elisa explicó a sus compañeras de la Parroquia Stella Maris, que el barrio, el que ella amaba, se había salvado gracias al coraje del Padre Cacho y había que hablar con la Junta liquidadora para ajustar los pagos.

-¡Tenemos que hacernos cargo de esto! Les dijo. Una de ellas explicó que no había problema. No hay que desprenderse de capital. Ofrezcamos los intereses de nuestros bonos. Por aquella época el Banco Central, emitía bonos de u$s 10.000 cada uno. Se compraban con pesos uruguayos equivalentes al valor. Cada tres meses recibían interés del 10% en dólares y en diciembre el Banco dedicaba dos millones de pesos uruguayos. Total que en pocos meses la cuenta estaría cancelada.

Cuando llegó la fecha del finiquito la Junta citó a mi hermano para escriturar el traspaso de condominio. Este ya estaba preparado. “La Sociedad de San Vicente de Paul” , que tenía Personería Jurídica prestaría su nombre hasta que los vecinos se organizaran jurídicamente. Debido a esto quisieron que el “cantegril” se llamara, Barrio “San Vicente” y así se llama actualmente.

 

LA BOLSA DE TRABAJO INTEGRAL

Era lógico que Cacho, una vez instalado en el “Cantegril” , se preocupara de que los muchachos trabajaran. Sus padres podían seguir uncidos al carro clasificador pero los jóvenes debían buscar un trabajo más acorde con sus ansias de progresar. Por eso inició una Bolsa de Trabajo, conminando a algunos empresarios cristianos para que dieran una oportunidad a sus protegidos. Pronto hubo requerimientos para supermercados, para la construcción , para industrias varias. Cacho se sintió reconfortado, en un mes había colocado a 12 varones y 5 muchachas.

Con los varones no tuvo mucha suerte. Cuando le tocaba cargar al hombro bolsas de 50 kilos se desmadejaban, no tenían fuerzas, no llegaban temprano a trabajar y el colmo fue que hubo un robo en un vestuario y por supuesto el sospechoso número uno fue el muchacho del “Cantegril”.
Cacho reconsideró, analizando con sindicalistas y empresarios amigos, llegando a las siguientes conclusiones.

-No pueden iniciarse en la vida de trabajo jóvenes que vienen de largos períodos de sub-alimentación.
-No pueden rendir si llegan cansados por caminar varios kilómetros para llegar a su destino.
-Si dependen de otros para despertarse no pueden ser tildados de dormilones.
-Si los hijos de las familias trabajadoras llegan a su lugar de trabajo con una viandita para pasar el mediodía , los hijos del “cante” , debieran también alimentarse igual.
-Si los hijos de los trabajadores tienen su ropita decente y calzado adecuado , nuestros hijos del “cante”, no deben ser distintos en su atuendo.

Llegado a estas conclusiones el curita tomó resoluciones drásticas.
Se suspendió la Bolsa de Trabajo común para convertirla en una Bolsa de Trabajo Integral, la que consistía en preparar al muchacho para comenzar a trabajar con dignidad y dotado de los elementos dignos para asumir su responsabilidad.

De ahí en adelante Cacho eligió a 10 de los que querían trabajar.
Los diez debían ir todas las noches a las 20 Hs. al rancho del cura y allí la cocinera les daría una comida bien nutritiva. Una vez a la semana vendría un invitado especial para hablarles de los derechos y deberes de los trabajadores. La bolsa se iba nutriendo con donaciones que les llegaban tanto en comestibles como en dinero. A la segunda semana se les entregó un reloj despertador a cada uno para que se fueran acostumbrando a levantarse a las 6.30 de la mañana.

A la tercera semana comenzaron a llevarse, terminada la cena, una viandita para consumir una comida liviana al mediodía siguiente. Todas las noches los 10 traían su viandita limpia y se las preparaba con todo lo que almorzarían al día siguiente. En un ambulatorio cercano les hicieron una evaluación para determinar si estaban aptos para un trabajo pesado. Todos aprobaron el examen médico y fue en ese momento donde empezó a funcionar la Bolsa con más propiedad. Se les suministró ropa y calzado adecuado y comenzaban a trabajar a medida que se les avisaba. Seguían yendo a la cena comunitaria y se llevaban su viandita y $ 10 para el pasaje.

Los beneficiados con la Bolsa solamente debían devolver a la misma , el dinero del pasaje con el segundo sueldo que cobraban y tenían plena conciencia que cuando estuvieran en condiciones dejarían su lugar a otro en la cena comunitaria.

 

PADRE CACHO

LA VIOLENCIA GOLPEA LA CASA DE CACHO

 

Su casa fue copada por una banda de infanto juveniles en dos oportunidades.
Se había creado en el barrio una imagen de un Cacho que recibía mucho apoyo entre ellos el económico. Existía una banda organizada y dirigida por un personaje un tanto inofensivo. Este individuo había sido un tristemente célebre delincuente que ahora se encontraba lisiado al recibir un impacto de bala en su espalda. Como informante de la policía a cambio de denunciar a los delincuentes de la zona que operaban en barrios “bacanes” , el contaba con cierta inmunidad policial para comandar esa banda, actuando desde su carro como reducidor de los robos que se efectuaban, ofreciendo a los vecinos pequeños electrodomésticos etc. Este individuo estaba enemistado con Cacho, ya que el reformar a los chicos, entregándoles herramientas de cambio a su  acción, esto de alguna manera debilitaba su mal andar por la vida, se quedaba sin materia prima para utilizar en sus malos propósitos.

Como todo tiene un punto de partida, estos hostigamientos que comenzaba a recibir Cacho en su casa principalmente obedecían a una anterior visita que había recibido con un ofrecimiento de un político de uno de los partidos tradicionales, que llegara hasta donde Cacho, proponiendo apoyo económico para su obra, si de alguna forma el aconsejaba a los habitantes del barrio votar en las próximas elecciones al candidato de sus filas. En esa primera reunión Cacho trata de disuadirlo diciéndole que los curas no podían estar en política, a lo que este dirigente le recordó el nombre de otro cura que si apoyaba con su presencia los actos de otro partido.

Finalmente Cacho para finalizar esa charla le contesta que él debía consultar con el Obispo Parteli que pasos seguir, el respondía a la Iglesia, pensando que con ello este dirigente se fuera a olvida de su petición en un futuro. Lejos de esto, la misma persona viene a buscar la respuesta dos semanas más tarde, Cacho le da su negativa a brindarle el apoyo.

Al poco tiempo comienzan los hostigamientos, de todas formas Cacho no era una persona confiable, había que correrlo del barrio. Era un peligro que él se volcara a otra fuerza sabiendo que era una figura notoria dentro de los cantegriles montevideanos, nucleando a miles de habitantes que luchaban por causas comunes mediante el MOVIDE (Movimiento Pro Vida Decorosa)

La primera vez que coparon su casa, lo ataron y lo amordazaron , lo tiraron contra el suelo boca abajo durante unas cuantas horas, amenazándolo con una pistola en la sien, de que lo mataban sino le entregaba el dinero que poseía a gritos le decían: “Sabemos que tenés plata, que te mandan del exterior…” insistieron hasta llegar a esperar que entrara un niño de los tantos que quieren a Cacho y lo buscan porque necesitan de comer, vestir etc. “Esperamos que entre un botija para apretarlo delante de él, van a ver como afloja enseguida”.

“Por suerte, esa noche no vino ninguno, creo que no hubiera aguantado que torturaran a un niño en mi presencia” ( diría Cacho)

Uno de los atacantes , fue identificado pro Cacho como un “muchachón” del barrio que tenía en ese momento en su haber dos homicidios y que por eso estaba siendo buscado. Aun así Cacho no quiso hacer denuncia, ni reconocimiento alguno. Al fin se retiraron llevándose únicamente un tv color y un video-casetero que le habían donado hacía pocos días, para que los vecinos vieran en grabación y video sus propias marchas y experiencias comunitarias.

Al poco tiempo volvieron a coparle la casa y esta vez no lo encontraron, Cacho estaba celebrando y festejando con unos vecinos las vísperas de navidad, llegando a su casa avanzada la madrugada. En cambio si s encontraban Pablo Graña (el seminarista) y otros jóvenes de la casita. Los tuvieron de rehenes unas cuantas horas, al ver que Cacho no aparecía decidieron irse, no sin antes , “tajear” con cuchillos , el rostro de los rehenes.
“Menos mal que no llegué…creo que esta vez venían dispuesto a todo” (diría Cacho) – todo esto ocurrió el 2 de noviembre del año 1988.
Todos estos sucesos obligaron a los allegados de Cacho, a convencerlo de que tomara la resolución de alejarse del barrio por un tiempo prudencial, cosa que hizo , su propia vida corría peligro. Luego de todos estos hechos Cacho ya no era el mismo, había que dado confundido, sin embargo su enorme lucidez, lo llevaba a hacer el siguiente razonamiento:
CACHO ESCRIBIRÍA

“…Muchos son los sentimientos que me han invadido en estos días, pero el que ha predominado felizmente ha sido el de gratitud a Dios por su amor expresado aun en la desgracia ( ¡el beso que me dio uno de los chicos cuando se iban con el botín! ) , (su testimonio “Fe compartida” , con la muerte jugando en medio nuestro …! ) y ese Amor también compartido, porque Dios también los quiere con inmenso dolor. ¿cómo salvarlos de ese remolino de violencia? , ¿cómo podrán zafar a esa trampa mortal, a esa lógica de la injusticia (“de aquellos polvos, estos lodos”) Debemos cambiar todo y Dios lo quiere…” (firma Cacho)

 

 

PADRE CACHO


En 1991 las fuerzas de mi noble hermano comenzaron a decaer. Primero fue un cansancio que cortó su dinamismo habitual. Luego fueron dolores, malestares, mal funcionamiento de todo su sistema corporal. Sus colaboradores más íntimos lo convencieron para que se hiciera los chequeos correspondientes. Todos confiaban en que fuera un decaimiento pasajero que con vitaminas y un obligado descanso volvería a su ritmo habitual. Su edad le permitía recobrar fuerzas y su voluntad estaba presta para seguir batallando. Sin embargo, esos 63 años que podían haberse estirado por tres décadas más, quedaron cercenados porque el cáncer avanzaba en sus entrañas hasta que lo derrotó. En el Hogar Sacerdotal fue atendido con cristiano esmero, con fraterno amor, con piedad y ternura. Para el año 1991, Cacho visita a los médicos por síntomas similares a los que sentiría más tarde, los médicos desestimaron lo que llegaría a posteriori…
En Abril de 1992, ya su salud hacía tiempo que venía debilitándose. En junio el diagnóstico médico reveló un cáncer de estómago ya avanzado. Los últimos meses de su vida los dedicará internado en el Hogar Sacerdotal a la reflexión , la pintura que expresará sus sentimientos más profundos y distintos escritos que plasmaría en dos cuadernos que hemos consultado, los que por muchos años conservara Carlos Golovchenko y hoy descansan en una Parroquia de la Aguada.
Su última visita a la zona fue una Eucaristía celebrada en San Vicente, con sabor a despedida y testamento. Los alienta a seguir adelante y , revelando la más profunda de sus motivaciones, les manifiesta que en ese último tiempo de su vida , su intención  primordial era dar testimonio de Cristo.
El 8 de junio de 1992 Cacho escribiría en su cuaderno de apuntes lo siguiente:
“El médico ha sido claro ¡cáncer al estómago! Es necesaria la cirugía. Bueno, estamos en tus manos divinas…Señor, daremos el paso hacia donde tu quieras y cuando tu lo quieras”
El 9 de junio de 1992 Cacho anotaba en su cuaderno de apuntes
Cinco médicos hablaban entre ellos, luego se nos acercó uno y dijo: “Hemos resuelto no operar…¡Cáncer e inoperable! …Pero señor realizas otras cirugías que son amor…pues a él me entrego”
Pero el Señor lo llamó aquel aciago día 4 de setiembre. Sus feligreses, sus vecinos, los hijos que Dios le había confiado, lloraron hasta el infinito, inconsolables vagaban por el barrio. Al final los más decididos tomaron las riendas y se pusieron a organizar el sepelio.
Fue conmovedor ver el ataúd con el cuerpo yacente acomodado en el carro recolector. Alguien se ocupó de poner una bandera patria sobre su féretro. La prensa de aquel año daba cuenta que algo más de 4.000 personas y 50 carritos de clasificadores daban el último adiós al cura de los cantegriles.
En esa procesión triste, desgarradora se encontraban mujeres llorando, hombres curtidos, y niños esparciendo flores al paso de ese cortejo. Aquel cura que había llegado al barrio para convivir con ellos , angustias y esperanzas, hoy se marchaba hacia la inmortalidad…
A BUEN ENTENDEDOR
Carlos Golovchenko (reflexólogo) , tendría un recuerdo de Cacho en esos 85 días internado en el Hogar Sacerdotal.
“Recuerdo con la claridad de hoy, la atención dispensada a mi buen amigo el Padre Cacho, (Isidro Alonso), un hermano del alma, un ayudante de Dios en la gestión de nuestra libertad, quién entregó su vida a los que nada tienen y les escasea mucho la esperanza. Lo habían desahuciado, no valía la pena operarlo, ya era tarde, pero, para vivir nunca es demasiado tarde, porque lo más importante es como, no cuanto , a veces con un buen como, el cuanto es más” …(sigue contando Golovchenko)
“era hora de la siesta cuando llegué al Hogar Sacerdotal, donde Cacho iba a pasar sus últimos tiempos. Su habitación estaba oscurecida para que descansara, lo acompañaba su hermana. Él tenía en su interior la pesada carga de aceptar su realidad, con la sentencia que indefectiblemente llevaba el diagnóstico de su enfermedad. Cáncer en el estómago e hígado y varices esofágicas, que le impedían comer dado que la comida no bajaba. Comencé con una pregunta , insólita quizás para muchos, pero esencial para mí y para el otro ¿quieres vivir?  Su respuesta fue : “Que se cumpla la voluntad de Dios”. – La voluntad de Dios ya se cumplió, por eso estás vivo , le dije … pero te toca a ti decidir cómo quieres seguir, ¿quieres vivir? , contestó sí , tenue en su volumen de voz , por lo que le insistí en la pregunta y le pedí que lo dijera fuerte…
Y así lo hizo. Allí comencé a trabajar en sus pies sobre las áreas reflejas, procurando ayudar a su organismo a alcanzar un equilibrio de sus sistemas, aliviando la tensión y tratando de lograr una desinflamación en sus varices para que comenzara a comer. Sus reflejos estaban muy sensibles, pero de forma muy amena fuimos transcurriendo esa primera sesión, algún chiste, algún quejido y cuando finalicé, le pedí que probara comer dulce de leche que tenía en un recipiente. El dijo “no puedo” ¡si podes! , le dije, me miró , se sonrió y comenzó a comer …y ¡comió!.
Por esa misma época yo le prestaba atención a un doctor en Medicina, Prof. De Gastroenterología, a quién le comenté lo sucedido con Cacho, y él se lo comentó sorprendido y asombrado a su esposa quien también es doctora en Medicina, diciendo “nada menos que dulce de leche, que es lo más difícil de tragar, que increíble”. Así comencé a disfrutar a “Cachito” , todos los días.
(Queridos lectores , el resto de este relato y mucho más sobre la historia de CACHO , la ofreceremos en el próximo número de Raices)

 

A BUEN ENTENDEDOR por. Carlos Golovchenko (Continuación)


Todas las mañanas después de dejar a mi esposa en el trabajo, concurría al Hogar Sacerdotal donde celebrábamos la amistad y la vida a pleno. Sin lugar a dudas, para mí fue una tarea de privilegio servir con mis conocimientos de reflexología , en el alivio de este amigo y hermano del alma. Pero… ¡Cuánto recibí! , cuantas lecciones de vida, de amor, cuantos nuevos amigos me regalo la vida junto a Cacho, comencé a recorrer tiempos de aprender a “soltar” , de aprender a “recibir” y confieso que aun estoy en jardinera en esos temas. Estas sesiones diarias de Refloxología le permitieron a Cacho, comer todos los días por sus propios medios, o sea, sin una sonda de alimentación, teniendo por lo tanto libertad para elegir sabores, cosa no menor en importancia para la calidad de vida. Prácticamente no padeció dolores, y mantuvo una actividad con más dinamismo del que se pensaba pudiera alcanzar, pintó varios cuadros, los que regaló (a mi me regaló EL CRISTO) , además concurrió a celebrar misas con sus comunidades de Aparicio Saravia en la comunidad de San Vicente. Cristina , una amiga, lo ayudaba en ejercicios de respiración y en descansos al aire libre, así como en meditación.
Fueron 85 días de una intensidad poco frecuente en nuestro ritmo cotidiano, no se estaba luchando contra la muerte, se estaba celebrando la vida en cada instante. Sus valores inmunológicos mejoraron, así lo evidenciaban los análisis clínicos que eran controlados por la Doctora Oncóloga, Graciela Pees, amiga, quién se sumó al equipo humano que acompañó a Cacho. En mi vida tuvo gran significado poder estar al servicio de este Santo Varón, que solo fue un Hombre que encontró en cada otro necesitado, al Jesús que lo llamaba y dio testimonio, de que todos podemos Amar”. (Extractado del libro “Un Cacho de Dios” ,  vida del Padre Cacho de Julio César Romero Magliocca)
EN EL HOGAR SACERDOTAL EL PADRE CACHO SE DESPIDE DEJANDO UN MENSAJE A TODAS LAS COMUNIDADES CRISTIANAS.
“Me siento tremendamente agradecido a toda la Iglesia uruguaya, porque sé que en todas las comunidades rezan por mí, ha habido promesas, en fin una serie de actos que indican mucho amor…Yo estoy un poco aislado acá en la casa sacerdotal, me está resultando como un retiro, donde importa encontrar al Jesús, no solamente que predicar al reino, sino al Jesús persona que está contigo, que no te abandona nunca, que permanece a tu lado, pero que muchas veces la gestación misma pastoral nos lleva a olvidarnos de esa gran verdad. Yo tengo la seguridad que me voy a curar de mi mal, porque él de diversas formas me lo ha manifestado, incluso en las páginas bíblicas y mientras tanto sigo el tratamiento porque él lo ha querido, de la quimioterapia, espero para fin de año estar de alta…Pero el señor siempre nos muestra un recodo del camino, una nueva dirección , que no es abandonar a los pobres sino en salir un poco de primera figura y dejarlo a él, y dar testimonio de su obra.
…no hay obra acá personal, sino obra de Jesús, somos muchos los que estamos trabajando en nueve comunidades distintas, y yo siento a veces que soy como un ladrón cuando veo o me dicen “la obra del Padre Cacho” y sinceramente me siento avergonzado. No sé qué más puedo decirles, que sigan rezando para que el tiempo se acorte, este es como un retiro donde he vuelto a antiguos amores, a rezar por los religiosos, por el clero, por mi presbiterio etc. Una gran bendición de amor, un gran abrazo fraterno a todos…Por consejo de mis asesores en salud y por decisión mía, he decidido tomar esto como un gran retiro, un reencuentro con Dios.
Les pido perdón a todos aquellos que llegan hasta la puerta y no pueden verme, yo también tengo nostalgia de todos los vecinos, de todas las comunidades, de todos los voluntarios que ayudan a la obra, pero no puedo, el día que pueda lo haré con todas las energías, para brindarles lo que antes decía, no ya bienes materiales o preocupado por la obra social, sino más bien por la persona de Cristo…ahora si me despido de ustedes…”  (A siete días de dar este mensaje, Cacho fallecería – fuente “Un Cacho de Dios”)

 

   
 


PÁGINAS AMIGAS